Archivos Mensuales: marzo 2014

Mediterraneo, Cultura y Patrimonio

El mediterráneo, crisol de culturas y puente entre civilizaciones, ha marcado la fisonomía de este municipio a lo largo de los siglos.
El hombre habita estas tierras desde tiempos inmemoriales, los vestigios del paleolítico superior y del neolítico, encontrados en la “Cova de les Cendres”, así lo atestiguan. También la cultura Ibera dejó su impronta hasta ver perdida su identidad a causa de la romanización del territorio. Tras los romanos, agricultores y ganaderos, y quienes posiblemente nos dieron el nombre, llegaron los árabes configurando el espléndido paisaje abancalado del que hoy disfrutamos y a quienes debemos muchos de los topónimos que nombran las diferentes partidas del termino municipal.
En el s.XIII, con la llegada de las huestes de Jaume I, la cultura, las tradiciones y las costumbres que configuran el carácter amable, alegre y hospitalario de esta población mediterránea empieza a germinar.
Es en 1386 cuando se crea jurídicamente el término municipal y poco tiempo después, en 1410, recibimos la visita de un ilustre personaje histórico, San Vicente Ferrer, nuestro primer turista célebre.
Los siglos XV, XVI y XVII, se enmarcan dentro de los continuos ataques de los piratas berberiscos y nos legan las que, posiblemente, sean las piezas más importantes de nuestro patrimonio arquitectónico: La torre vigía del Cap d’Or, la Iglesia-Fortaleza de Santa Catalina y la Sala de Jurats i Justicies.
Tras la construcción, en 1744, del fortín que conocemos como Castell de Moraira o de la Mar, y bajo su protección, empieza a desarrollarse un pequeño núcleo de población, cuya principal actividad sería la pesca, pero no la única.
En el s. XIX, la comarca de la Marina Alta sufre un importante desarrollo económico debido a la exportación de uva pasa al resto de Europa y a América. La calle Almacenes, nos recuerda que estos edificios sirvieron para almacenar las pasas que serían trasladadas, por la pequeñas barcas de pescadores, a los grandes buques que fondeaban en la bahía y que las llevarían a su destino.
La principal actividad económica del municipio, la agricultura – que todavía hoy nos permite deleitarnos con el dulce sabor de la uva moscatel romano y con el exquisito licor que se obtiene de su elaboración, la mistela – va perdiendo su importancia a mitad del s. XX con la llegada de la industria turística.
El Portet y Platgetes son testigos de la llegada de los primeros turistas a mediados de este siglo, pero es a finales de los años 60 y principios de los 70 cuando empezamos a acoger a todos aquellos que quieren disfrutar de las bondades del clima, de las bellas playas y de un paisaje maravilloso.
El visitante que hoy se acerca a conocernos, descubrirá un pueblo rico en patrimonio, no solo natural, sino histórico, artístico y monumental; y deseará ahondar en la cultura, abundante en historias y leyendas, de unas gentes que le acogerán con lo mejor de su carácter.

Cala del Moraig

Leyenda y Poder de la Casa Carbonell

Eedificio Carbonell o Casa Carbonell es una construcción residencial que data de 1925, obra del arquitecto alicantino Juan Vidal Ramos. Se encuentra en el Paseo de la Explanada n.º 2 de Alicante (España), frente a la Casa Lamagnière, obra proyectada en 1918 por el mismo arquitecto y que es su antecendente más inmediato.

Descripción

Se destina a locales comerciales y oficinas en la planta baja y entresuelo, y viviendas de alquiler en el resto. Las distribuciones se organizan en torno a los patios de luces y los núcleos de escalera adosados, existiendo un núcleo principal y otro secundario para el acceso independiente al área de servicio. Alrededor de los patios de ventilación, se localizan los pasillos de distribución, y en todo el perímetro exterior el resto de las estancias.
En cada planta hay cuatro viviendas con un amplio programa cada una consistente en: comedor, gabinete, sala, tres dormitorios, dormitorio para el servicio, cocina, aseo, servicio, recibimiento y vestíbulo. El área de servicio ocupa la fachada trasera preferentemente, y las estancias principales, la fachada a la Explanada. Además, la sala y el comedor se significan formalmente al exterior con sendos miradores. El edificio en sección muestra 6 pisos de viviendas, el último de los cuales en el ático y con torreones, y locales en bajos y entresuelo.
La composición de la fachada se ajusta a las convenciones académicas; con distinción tripartita de las partes, simetría, jerarquía, etc. La ornamentación al gusto francés resulta recargada de elementos clásicos.
En su construcción se utilizaron materiales nobles, como mármoles para los zaguanes, piedra arenisca para el zócalo, hierro y cristal para marquesinas y cerrajerías y pizarra simulada para la cubierta.

Historia

El encargo de su construcción se debe al empresario textil alcoyano D.Enrique Carbonell, importante industrial textil de Alcoy fue quien ordenó y financió la construcción de este edificio, el cuál con motivo de la fuerte demanda de textiles para la fabricación de uniformes franceses en la Primera Guerra Mundial, llegó a enriquecerse, de esta manera pudo financiar la construcción de este emblemático edificio de Alicante.
Cuenta la historia que el industrial al tener a su hija enferma decidió pasar largas temporadas en la ciudad de Alicante, ya que el clima la beneficiaba.
En un viaje desde Alcoy tuvo un percance durante el camino, y llegó muy sucio a la capital, entonces decidió alojarse en el Hotel Palas, pidió una habitación para poder asearse pero se la denegaron, ya que su aspecto no era muy saludable.
Se comenta que el industrial Carbonell, en venganza por el trato recibido mandó construir un edificio mucho más grandioso junto al hotel, eclipsando a éste.
También la Casa Carbonell fue noticia ya que ese mismo año y una vez construido el edificio y en el año de su inauguración , se estrelló contra la terraza de una de sus cúpulas un hidroavión de correos procedente de Argel. 
El siniestro provocó que se hundiera un piso y el coste de las vidas de los dos tripulantes del aparato.

es.wikipedia.org/wiki/Edificio_Carbonell

Los Molinos de la Plana Justa

Los molinos de viento situados en la Plana de Sant Jerònim de Xàbia, constituye un importante conjunto en el litoral mediterráneo y en la Península Ibérica. Se trata de 11 molinos de viento, construidos en diferentes momentos entre los siglos XIII y XIX, que estuvieron en activo hasta principios del siglo XX.

Son estructuras cilíndricas hechas con piedra tosca y rematadas por un techo de madera (de los cuáles no queda hoy en día ninguno, dado que la madera es un material delicado). La maquinaria estaba compuesta por dos muelas de piedra, una fija y otra móvil, un tronco de madera llamado árbol que transmite la energía del viento hacia las muelas, además de las aspas, formadas por maderos atravesados y telas que permitían transformar el viento en energía.
Los molinos tenían tres plantas. La maquinaria se situaba en la planta alta. El viento a través de las aspas era transformado en energía, que era transmitida por el árbol a las muelas. La fricción de una muela sobre la otra permitía triturar el grano y convertirlo en harina. La harina caía por un agujero, llamado harnal, hasta la planta baja, en donde era lavada y ensacada. Entre la primera y tercera planta había un altillo construido de madera que hacía las veces de almacén de harina y lugar de descanso para el molinero.
El molino era sujetado por una bóveda fabricada con tosca, elemento que diferencia estos molinos de otros que hay en el mediterráneo. Cada piedra de la bóveda era marcada con un signo, para facilitar las tareas de montaje. Una vez terminada su construcción, el molino era encalado, por tanto estos signos no quedaban a la vista.
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Los molinos disponían de una única entrada, dado que las aspas eran fijas. Los molinos de aspa móvil solían tener dos entradas. Diez de los molinos tienen una entrada adintelada, mientras que uno de ellos tiene una entrada con arco de medio punto. La entrada al molino no se encuentra a ras del suelo, sino que se encuentra elevada, esto se debe a que así era mucho más fácil cargar los sacos de harina sobre los mulos.
El molino más antiguo lo tenemos documentado des de finales del siglo XIII, en un documento de división de límites entre los términos de Xàbia y Dénia, el límite se establece cerca del molí dels frares (molino de los frailes)Se llama así porqué en las cercanías hubo un monasterio de frailes jerónimos hasta mediados del siglo XIV. Se piensa que el más antiguo es el número 8, el que tiene la entrada con arco de medio punto por su diferencia constructiva.
El resto fueron están documentados entre los siglos XVI y XVIII, siendo el más reciente uno del siglo XIX. Estos molinos, de acuerdo a las leyes señoriales, eran propiedad del marqués de Dénia, señor de Xàbia. El marqués cedía el dominio útil a cambio de una renta. Ésto fue así hasta la desvinculación de los monopolios, producida en el siglo XIX durante la revolución liberal. Después los molinos pasaron a la propiedad del Estado y vendidos en pública subhasta, momento en el que el Ayuntamiento de Xàbia adquirió tres de ellos.
Los molinos de viento nos hablan de una época en el que el valle del río Gorgos se cultivaba el cereal, de hecho Xàbia fue en la época moderna un granero para la comarca. Sin embargo, durante el siglo XIX la producción cerealística cayó, en parte porqué se podía importar a precios muy baratos, gracias a la navegación a vapor, des de Crimea o Egipto. También el boom del cultivo de la pasa en Xàbia contribuyó a la sustitución del cereal por la viña. Además la mejora económica también supuso una diversificación de la dieta, en la que el cereal perdió parte de su protagonismo. Finalmente la introducción de nuevas fuentes de energía como la electricidad supusieron que los molinos de viento cayeran en desuso y abandonados, fueron poco a poco expoliados para el reciclaje de sus materiales.
Hoy en día son un importante patrimonio que es necesario proteger y transmitir a las siguientes generaciones.

Publicado en 5 septiembre 2013


Penyal d’Ifac

Consejos:
Es especialmente importante llevar calzado adecuado. También es recomendable llevar bañador para bañarse en cualquiera de las playas de Calpe (La Fossa, El Arenal, o cualquiera de las calas que ofrece esta ciudad).

DATOS DE LA EXCURSIÓN
Fecha: Domingo 9 Julio 2006
Senderistas: 9 (Jose A., Esther, Mónica, Karsten, Paco R., Amadeu, Jorge, María, Jose M.)
Lugar de inicio: Calpe (Alicante)
Hora de inicio: 11.35h
Duración: 1h36m *
Dificultad: Media

Descripción de la ruta:

El Penyal d’Ifac se encuentra en Calpe, provincia de Alicante. Para llegar a Calpe hay dos opciones: la carretera nacional N-332, y la autopista de peaje AP-7. Desde Valencia hay que salir por la pista de Silla en dirección a Alicante (por la costa). El viaje por autopista tiene un coste de 7.70 euros (peaje) y una duración aproximada de una hora y cuarto. Se ha de coger la salida 63 hacia Benissa, Calpe. En Benissa hay que tomar la N-332 con dirección Calpe (11 km).Una vez se llega a Calpe hay que pasar una serie de rotondas, siempre tomando la dirección hacia el Penyal d’Ifac. De todas maneras, dado que el Penyal es visible desde la distancia, siempre se puede intuir el camino a seguir. Al pie del Penyal hay un descampado a mano izquierda donde se puede dejar el coche. El acceso hasta la entrada del Penyal se realiza a través de una camino ancho que transcurre por la cara sur de la roca, desde donde se puede contemplar una bonita panorámica del club náutico.

Tras un breve recorrido, llegamos a la entrada del Penyal, donde se encuentra el área de información. Desde este punto comienza un ascenso, que a tramos está acompañado de pinos a ambos lados del camino, que nos conducirá hasta el túnel. Durante este ascenso se pueden contemplar preciosas vistas de Calpe, de sus playas, y del contraste de los distintos tonos de azules del agua, tanto de la cara norte como de la cara sur del peñón.

Después de unos 15 minutos de ascenso llegamos al túnel. Este túnel atraviesa el peñón de un lado a otro, comunicando el lado norte del peñón con el lado sur. El suelo del mismo es bastante resbaladizo, lo cual unido a la oscuridad que reina en su interior hace que las cuerdas instaladas a ambos lados del túnel sean de utilidad.

Al salir del túnel nos encontramos con otro tramo en el cual nos ayudaremos de unas cuerdas para tener mayor seguridad. Tras media hora de recorrido llegamos al desvío de caminos. Si optamos por seguir recto iremos a un mirador. Si tomamos el camino de la derecha llegaremos a la cima del peñón.

Después de tomar el desvío de la derecha comienza la parte final de la subida. Esta parte es la más delicada, pues las piedras son bastante resbaladizas y hay que extremar las precauciones (sobretodo a la bajada). Quince minutos más de ascenso y coronamos el peñón (332 m). Las vistas que nos ofrece son espectaculares, y hacen que haya valido la pena el esfuerzo.

La primera parte del descenso es peligrosa, y conviene utilizar las manos para agarrarse mejor a las piedras. El resto es deshacer el camino andado. Durante todo el camino nos acompañan en el viaje decenas de gaviotas, que revolotean traviesas buscando un blanco para sus mísiles inofensivos (aunque ciertamente molestos, como bien pudo comprobar algún miembro de la expedición).

El Pasadizo del Benacantil.

Todavía no hace muchos años, en Alicante había una ermita, la del Raval Roig. Se encontraba enfrente de la playa del Postiguet y dentro de las murallas, al pie del Benacantil. 

Una tarde de primavera, paseando por la playa, nos llamó la atención que la ermita había sido derruida. Cuando subimos para ver las obras, observamos que, junto a la ermita, habían caído tres o cuatro casas que estaban a las faldas del castillo. En una de aquellas casas, al fondo, en la pared que tocaba la roca apareció un agujero a media altura.Todavía había claridad y los obreros, después de decirles que éramos estudiantes de historia, no tuvieron problema para dejarnos cotillear un poco desde fuera.

Lo primero que nos llamó la atención al mirar por el agujero era que había agua estancada; metimos un palo y comprobamos que no había mucha, nada más cuarenta o cincuenta centímetros. Después, alargando la visión todo lo que pudimos, vimos como estábamos delante de un túnel con una altura de metro y medio, una amplitud de unos sesenta centímetros y que a unos cinco o seis metros desde donde mirábamos se hacía más amplio y giraba a la izquierda, en dirección al castillo.

Enseguida, una mezcla de imaginación y de ilusión nos lanzó a intentar meternos y recorrer el pasadizo.

Rápidamente volvimos a casa y frenéticamente buscamos entre los amigos lo que necesitábamos. Ya era de noche cuando cargados con botas de agua, linternas, cirios y cerillas, carbureras y cascos de espeleología. carburo y una brújula llegamos a las obras del Raval Roig.Los obreros ya no estaban. El guarda de la obra, al vernos tan preparados no quería dejarnos pasar. Tuvimos que explicarle que éramos estudiantes de historia y que solo queríamos echarle un vistazo al túnel, y que ya antes nos habían dejado mirar…

Por fin lo conseguimos y enfilándonos por el agujero entramos. La primera sensación fue la tibieza del agua que nos llegaba por las rodillas.. Después, al caminar, notamos que lo hacíamos por un terreno fangoso que nos obligaba a pisar con precaución por miedo a resbalar. Al examinar las paredes vimos un cable de luz que iba por encima y acababa en una bombilla allá donde el túnel se ampliaba.

También a un lado y al otro de los muros, y excavados en la roca, unos nichos no muy grandes con cera deshecha y enmascarados por el humo nos hicieron entender que esta parte del pasadizo había sido utilizada por los habitantes de la casa, seguramente en tiempos de guerra y como refugio, habiéndolo tapiado al final cuando ya no hacía papel. Toda la vida se ha trasmitido de padres a hijos la certeza de que el Castillo del Benacantil está agujereado por unas galerías y utilizadas por los moros en caso de dificultades, y para huir si fuera el caso.


Cuando era más pequeño me habían hablado de tres salidas conocidas: una que daba a los alrededores de otro castillo, el de San Fernando; la segunda que conducía a la playa, por la parte del Cocó (allá de donde los pescadores sacaban las barcas) y la tercera galería bajaba desde una de las salas reales hasta la Mezquita Mayor, convertida por los cristianos, después de la conquista, en la iglesia de Santa María.Todas estas cosas nos las habíamos repetido antes de meternos en el túnel, por eso, cuando llegamos a la parte más amplia y vimos que continuaba hacia la izquierda, el corazón latía cada vez con más fuerza.

El pasadizo ahora se estrechaba, tenía unos cuarenta y cinco centímetros de amplio; en las paredes todavía se observaban las marcas dejadas por los picos agujereando la roca. Avanzamos unos siete u ocho metros, el nivel del agua tan solo era de unos quince o veinte centímetros. Íbamos subiendo. Al final giraba, esta vez hacia la derecha. Nada más girar topamos con un muro que cubría todo el corredor.  

   ¿Se acababa aquí la aventura? Examinamos la pared, las piedras estaban unidas con cemento, lo que quería decir que no podía ser del tiempo de los moros, sino mucho más reciente. Dejamos que el silencio cubriera el pasadizo y golpeamos el muro y las paredes. El sonido a vacío nos confirmaba que el corredor donde estábamos continuaba. Uno de nosotros volvió a por una picoleta.

Comenzamos a deshacer la pared y de la otra parte una corriente de aire fortísima nos apagó la llama de la carburera, obligándonos a usar únicamente las linternas. Comprendimos que aquel muro lo debieron de haber construido los mismos pobladores de la casa para evitar las corrientes de aire y las filtraciones de agua de la sierra. El túnel continuaba con una cierta inclinación, siempre hacia arriba; avanzamos ocho o diez metros más cuando apareció una sala un poco más alta.

Era una sala donde el pasadizo que descendía desde la parte alta del castillo se hacía más amplia y se dividía en dos bocas, una por donde nosotros subíamos y la otra a la derecha, nos aventuraba la posibilidad de encontrarnos con la salida que debía ir hasta la playa del Cocó donde los Alcaides tenían siempre una barca preparada por si la necesitaban.

Decidimos explorar en primer lugar la de la derecha. La entrada tenía únicamente un metro de alto; a los pocos pasos el nivel de agua había aumentado a unos treinta y cinco o cuarenta centímetros; avanzábamos con mucha precaución porque tropezábamos con algunas piedras que habían caído. Deberíamos estar a unos catorce o quince metros cuando nos encontramos que el corredor se había derrumbado; un gran muro nos impedía avanzar. Volvimos a la sala. Ahora ya sabíamos que estábamos donde el pasadizo que bajaba desde lo alto de la fortaleza se dividía en dos. Uno, el de la casa por donde habíamos entrado, para salir dentro de las murallas; y el otro, para llegar a la playa del Cocó, la salida al mar en caso de peligro.

Enfilamos hacia arriba. Subíamos en rampas de diez o doce metros, con una ligera inclinación; cada tramo giraba en un ángulo de cuarenta y cinco grados e iba siempre hacia arriba.

De momento, y nada más enfilar una nueva rampa, el pasadizo se hizo más alto y más amplio; delante nuestro teníamos una escalera con mucha pendiente .Corriendo y contándolos, subimos los cuarenta escalones. Casi sin aliento habíamos llegado a lo alto del Castillo, pero una pared de obra nos impedía la entrada.

Una pared presidida por una Calavera tallada en una de las piedras de arriba.

Intentamos todo tipo de maniobras para que se abriera la pared; golpeamos piedra a piedra, pero no valió de nada. Intentamos mover la Calavera, pero no lo conseguimos.

Decidimos volver, pero cuando estábamos en el último escalón, a un lado de la roca vimos una piedra con unos puntos que resaltaban. Un brusco movimiento la desprendió y nos permitió observarla mejor.

Los puntos formaban dos tipos de cruces y también había un triángulo de relleno. Algunos de los signos que rodeaban la piedra parecían letras árabes, otras no se podían ver bien porque estaban medio tapadas por tierra y fango.

En un papel dibujamos y copiamos esta piedra, aunque no sabíamos que podía significar. Estábamos hablando cuando, de repente, nos vino una idea a la cabeza: solamente podía tener una explicación..¡

la Calavera! Volvimos a subir los cuarenta escalones y con nerviosismo y un poco de miedo colocamos la piedra de los puntitos sobre la Calavera y la hicimos girar…Un sonido brusco y una losa de la parte baja del muro se movieron. Lo apartamos y entramos. Estábamos en una de las mazmorras de tortura del Castillo! Una Calavera parecida presidía la pared de donde salimos. Fuimos a la puerta de la mazmorra y una reja cerrada nos impedía la salida. Pero ya sabíamos donde estábamos; en la plaza de Felipe II, en medio de la fortaleza.Volvimos al pasadizo; sacamos la losa de los puntitos y la losa se cerró.Bajamos la escalera y al dejar la piedra en su sitio escuchamos un sonido brillante, como si alguna cosa se rompiera. Sacamos de nuevo la piedra y efectivamente había un trozo de vidrio roto que sobresalía de la tierra.Excavamos con una navaja y poco a poco apareció una botellita. El cristal a la luz de las carbureras y las linternas era opaco y con tonalidades azules y doradas.Dentro había un papel enrollado. Lo sacamos por la parte rota y lentamente lo desenrollamos. No era un papel sino un trozo de piel de oveja o de cabra, con unas letras escritas que parecían árabes y otros signos que no entendíamos.

Con mucha precaución lo volvimos a plegar y lo colocamos dentro de la botellita. Nos la guardamos envuelta en un pañuelo y dejamos la piedra de los puntitos en su sitio.Volvimos a la obra del Raval Roig donde el guarda y los otros compañeros ya estaban preocupados.Decidimos irnos a descansar. Después de dos horas y media de recorrer la sierra por pasadizos medio en derrocados y con agua por las rodillas nos habíamos ganado un buen descanso, sobre todo por haber demostrado la existencia del pasadizo.

A la mañana siguiente, al mediodía nos presentamos nuevamente en las obras para volver a entrar y hacer un plano del pasadizo. Pero a la negativa del encargado se añadió que la entrada había sido tapiada con hormigón y algún que otro grito por habernos aprovechado de la noche y del guarda…

Intentamos bajar desde el Castillo. Hablamos con el Alcaide y le explicamos toda la historia para que nos abriese el calabozo de la Calavera, pero con una sonrisa burlona nos dijo que todo eso de los túneles secretos eran fantasías que la gente se inventaba, y que el no había encontrado ningún plano donde apareciesen pasadizos.Pero, si un tunel es secreto y se hace para poder huir en caso de necesidad…

¿Quién sería el valiente que haría un plano descubriéndolo? Han pasado algunos años desde que entramos por el pasadizo. No lo hemos podido volver a recorrer. Pero no nos ha importado porque teníamos el mensaje del pergamino.Durante estos años, y ayudados por estudiosos del mundo árabe, hemos podido probar la equivalencia, la clave secreta que escondía la Piedra de los puntitos y la Calavera.Solamente indicarte que los árabes escribían de derecha a izquierda y que cuando aparece una media luna/rectángulo quiere decir separación de palabras.Tuyo es el misterio y el placer de descubrirlo. 

Fuente:

Elche Palmeras y ensueño en Alicante

Elche cuenta con una historia de más de cinco milenios. Y aunque no tan remota, la diosa tutelar de sus orígenes es la Dama de Elche, pese a que se encuentre en el Museo Arqueológico de Madrid.

Elche cuenta con una historia de más de cinco milenios. Y aunque no tan remota, la diosa tutelar de sus orígenes es la Dama de Elche, pese a que se encuentre en el Museo Arqueológico de Madrid. Fue hallada en 1897 cerca de Elche, en un lugar conocido como Alcudia (montículo), que fue un asentamiento llamado «Helike» por los íberos e «Illici Augusta» por los romanos. Los árabes conservaron el nombre de Illici, que fue convertido en «Elche». El lugar donde se encontró es un gran yacimiento arqueológico con numerosos restos íberos y romanos. Hay mosaicos, murallas, casas romanas y hasta una basílica cristiana del siglo V.
El destino emblemático por excelencia de la ciudad es el bosque de palmeras -el palmeral-, en su origen plantado por los fenicios. Hoy día se calcula que tiene más de 200.000 palmeras; es el más importante de Europa y uno de los más protegidos, ya desde que en el siglo XIII Jaime I dictó normas para su conservación.
De las palmeras se obtiene la famosa palma blanca. Las primeras noticias sobre esta artesanía se remontan al siglo XV, cuando un agricultor viajó hasta Valencia para vender sus piezas. Cada palmera da unas doce palmas que pueden medir hasta tres metros y medio. Unas se utilizan como palmas lisas y otras, mediante el rizado de sus hojas, se adornan con dibujos y figuras realizados con las fibras vegetales hasta convertirlas en obras de arte.
El rito colectivo que identifica a la ciudad es el misteri, último testimonio vivo del teatro religioso medieval que se representa en la basílica de Santa María a mediados de agosto. Es la narración de los últimos días de la Virgen María, con su muerte y ascensión a los cielos. Laletra y la música proceden de un manuscrito (consueta) de 1709. El primitivo documento apareció en la cercana playa de Tamarit (dentro de un arca con la imagen de la Virgen).

 
La ciudad, además, es conocida por por tres curiosidades:
En la torre del Consell, al lado de la Casa Consistorial, se alza una torre con dos populares muñecos, Calendura y Calendureta, que hacen sonar el reloj del Ayuntamiento (una obra que procede del XVI) desde hace más dos siglos.
Cerca, al lado del río Vinalopó, que divide en dos la ciudad, se encuentra el palacio de Altamira, que en sus orígenes fue castillo almohade al que se adosó en el XVII un palacio. Hoy alberga el recién inaugurado Museo Arqueológico de Historia de Elche (MAHE).
Palmera Imperial
 
Y en medio del palmeral de Elche -en el Huerto del Cura- se alza la Palmera Imperial. Mide 16 metros de altura y se le calculan 180 años. Cuando pasó por Elche la Emperatriz Isabel de Austria (Sissi), se acercó a visitarla y, por eso, el cura dueño del huerto bautizó al árbol como imperial. Su curiosidad estriba (hay palmeras muchísimo más viejas) en que a dos metros del tronco le salen siete «hijos». Fue palmera macho hasta los 70 años de vida, y entonces fue cuando le nacieron a mitad del tronco esos siete troncos. Es la joya de un huerto con una extensión de unos 13.000 metros cuadrados y que contiene unas mil palmeras junto a limoneros, granados, y almendros.
 
 
Datos prácticos
Accesos. Por la N-340. A 23 km. de Alicante.
Alojamientos. Huerto del Cura. Porta de la Morera, 14, con casitas independientes dispuestas a modo de bungalows, entre cuidados jardines dentro de un palmeral. Tel. 966 610 011. Doble: 80 euros.
Gastronomía. Es típico el «arròs amb crosta» (arroz con costra) o con conejo y caracoles, la tarta de almendras o el pan de higos. Els Capellans (restaurante del Hotel Huerto del Cura).
Qué ver. Fortaleza árabe de La Calahorra (siglo XIV); ermita de San Sebastián (siglo XV; Ayuntamiento (siglo XV); palacio de Altamira (siglo XV); convento de las Clarisas (siglo XVI); basílica de Santa María (siglo XVII); y Huerto del Cura (palmeral).
 
POR CÉSAR JUSTEL

Actualizado 14/01/2007 – 10:44:56

La leyenda de la Virgen del Castillo de Agres

Esta es una de las primeras entradas dedicadas al Convento de Agres sobre el cual realicé mi Trabajo Final de Master. Se trata de un proyecto concreto de recomposición virtual de la imaginería que encontramos en unos paneles cerámicos de este convento. Sin embargo, en esta primera entrada realizaré una introducción sobre la población de Agres y las características propias de su Convento.
La población de Agres se encuentra a los pies de la Sierra de Mariola, en su vertiente norte. Desde hace siglos, los distintos asentamientos de población se han esparcido por esta zona, conocida como “la Valleta d’Agres”, ya en época íbera y romana.

Situación de Agres en el mapa

Situación de Agres en el mapa

Pese a que el núcleo primigenio de población, formado por una pequeña atalaya y cinco casas, se remonta a época musulmana, no tendremos documentada su existencia hasta 1256, cuando Jaime I, en su “Carta Puebla” entrega estos bienes a distintos nobles que poblarán la zona.

Vista general del convento de Agres
Vista general del convento de Agres. En la parte superior vemos una espadaña. Este sería el lugar donde se situaría originalmente el castillo de origen musulmán

Será en 1484 cuando un suceso milagroso cambie el devenir histórico de esa pequeña población. Serán varias las fuentes que nos hablen de este suceso.

Según la tradición, en la noche del 31 de agosto al 1 de septiembre de 1484 se produjo un gran incendio en la iglesia parroquial  de la Virgen en Alicante. Según Arturo Llin Cháfer[1]:
la tradición cuenta que el último día de agosto de 1484, después de haber acompañado a la Eucaristía para que un enfermo recibiese el Viático[2] los cofrades del Santísimo Sacramento dejaron una luz encendida en la parroquia de Santa María de Alicante que prendió fuego, incendiándose todo el templo

En esta iglesia se conservaba una pequeña estatua de la Virgen, tallada en madera, de origen medieval.
Al parecer, la imagen de la Virgen pudo sobrevivir al incendio y fue salvada por unos ángeles que la llevaron volando fuera del lugar, tal y como narra el deán Don Vicente Bendicho[3] en 1640:
“La misma imagen de la Virgen, que estaba en el altar mayor, salió ilesa. Porque los de las naves, que dieron aviso y algunos que primero llegaron, vieron sobre el techo de la Iglesia, antes de desplomarse, un gran globo de luz o resplandor, que les consolaba, diferente al que causaban las llamas que salían por las ventanas y claraboyas, la cual luz y globo resplandeciente, se ausentó de allí y la vieron detenida un gran espacio de tiempo sobre lo más alto de las torres y homenajes del castillo; algunos dicen que aquesta luz fue la que causaba la Santísima Virgen que había en el altar mayor al tiempo del incendio, que por ordenación divina se salió libre y se puso encima del tejado de la Iglesia y de allí después encima del castillo; y que es la imagen de Nuestra Señora que está en el convento de la villa de Agres en el alto monte”

Estatua de la Virgen de Agres
Estatua de la Virgen de Agres

Al día siguiente, un pastor llamado Gaspar Tomás, manco de un brazo, llevando su ganado por las cercanías del castillo de Agres se vio sorprendido por la presencia de la talla románica de la Virgen que sostiene al Niño en brazos, situada en la copa de un almezo. Para que el pastor, conocido en el pueblo, pudiese anunciar la presencia de la imagen de la Virgen con seguridad, ésta le restituyó el brazo que el faltaba. Así pues, el pueblo de Agres, acompañando a las autoridades civiles y eclesiásticas, subió al castillo de Agres para bajar la imagen en procesión hasta la iglesia parroquial del pueblo. Sin embargo, al día siguiente, la imagen volvió a aparecer en el mismo lugar donde la había encontrado el pastor. Así pues, viendo que éste era el lugar donde la Virgen quería ser venerada, se construyó una pequeña ermita para poder cobijar la estatua de la Virgen.

Representación del incendio de Santa María en Alicante
Representación del incendio de Santa María en Alicante

Este suceso milagroso fue extendiéndose por toda la región, llegando a convertirse en un importante centro de peregrinaje. Los peregrinos portaban consigo un gran número de exvotos y donaciones. Gracias a esto, se decidió posteriormente entregar la custodia a la Orden de San Francisco de Asís. De esta forma, se aseguraría el cuidado de la imagen, así como la atención y necesidades religiosas de los visitantes.

El 16 de enero de 1578, el Padre Jerónimo Vidal, Guardián del Convento de Bocairente, toma posesión de la ermita. Pronto se ampliará, edificándose una modesta iglesia de planta basilical y estilo renacentista, muy austero, siguiendo los dictados de la Orden Franciscana. Además, se construyó un convento para albergar a los religiosos y una hospedería, ésta realizada a mediados del siglo XVII.

Poco a poco, la fama de la imagen fue en aumento. Por ello, se mandó realizar, hacia los años 80 del siglo XVIII, un gran zócalo cerámico. Siguiendo la moda y el gusto por la cerámica valenciana, se aprovechó para alegrar las paredes del Convento con un sinfín de escenas coloristas que siguen perfectamente el estilo propio de su época. Esta obra, a caballo entre el barroco y el neoclasicismo, describe los numerosos acontecimientos milagrosos que acontecieron gracias a la intercesión de la Virgen.

Esta “historia” narrada en imágenes ayudaría a la comprensión por parte del pueblo llano de la importancia del descubrimiento de la imagen y de los distintos milagros que se sucedieron. A la conclusión que se pretende llegar es que, la obra cerámica aquí expuesta sirve como un método de propaganda del propio convento, así como de la villa de Agres, y su proyección hacia el exterior, motivando aún más si cabe el mayor reconocimiento de su importancia como lugar de peregrinación.

Detalle de uno de los milagros representados

Notas


[1] LLIN CHÁFER, Arturo, La Mare de Déu d’Agres y su Santuario. Agres: Santuario de la Mare de Déu, 2001

[2] El Viático es la Eucaristía recibida por quienes están por dejar esta vida terrena y se preparan para el paso a la vida eterna. Recibida en el momento del transito de este mundo al Padre, la Comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo muerto y resucitado, es semilla de vida eterna y poder de resurrección” Pertenece a los Sacramentos de Curación, concretamente al de Unción de los Enfermos. SANTA SEDE VATICANA. Catecismo de la Iglesia Católica. Compendio [en línea] Librería Editrice Vaticana, 2005. Disponible en Web: <http://www.vatican.va/archive/compendium&gt; [Consulta: 12 de julio de 2011]

[3] BENDICHO, VICENTE. “Crónica de la ciudad de Alicante, en que se describen los sucesos que en ella acontecieron hasta el año 1640” En: LLIN CHÁFER, ARTURO, La mare de Déu d’Agres y su Santuario, Agres: Santuario de la Mare de Déu, 2001 

Excursión a la Virgen del Castillo de Agres 

Como os comenté teníamos pendiente visitar el Convento del la Virgen del Castillo de Agres, nos impresionó desde lejos.

Hace unos días decidimos acercarnos para ver de cerca tan impresionante edificio que, en su mayor parte, se encuentra abandonado.
Aunque está previsto que este año 2010 empiecen las obras de restauración del Convento, de momento no han comenzado. Está previsto adecuar un espacio de servicios con restaurante y habilitar una zona digna para los peregrinos y visitantes para que puedan ser atendidos de forma adecuada.
Posteriormente se pretende restaurar todo el Santuario e incorporar una hospedería.
Esperemos que finalmente se acometan estas obras porque el entorno merece la pena. Actualmente sólo se encuentra relativamente bien conservada la iglesia.
Además del edificio del Convento y las ruinas del Castillo que hay junto a éste, existen varias zonas habilitadas con bancos y mesas, bajo unas buenas sombras donde podéis descansar y recuperar fuerzas, sobre todo si os animáis a hacer alguna de las rutas senderistas que existen por la zona.
Subida
Se puede llegar con el coche hasta las inmediaciones del Convento, junto a las distintas zonas de recreo tenemos aparcamiento, una fuente de agua potable y aseos, no muy aseados por cierto.
También podéis aparcar en el pueblo y subir andando, no es una caminata muy larga, eso si, es cuesta arriba.

Historia del Turrón

Turrón y Mazapán son dos productos elaborados a base de almendras y azúcares cuyo origen se remonta a siglos y siglos atrás. Se presume que ya en la época griega se preparaba una pasta compuesta por frutos secos (almendra principalmente) y mieles, la cual servía a los deportistas griegos como producto energético para participar en las Olimpiadas.

 Más recientemente, se han constatado datos históricos que aseguran que el turrón ya existía en la villa de Sexona (actual Jijona) en el siglo XVI. Los árabes fueron los que introdujeron este dulce, y así lo reconoce el Consejo Regulador de las Indicaciones Geográficas Protegidas del Turrón de Jijona y Alicante. A pesar de todo, existen diferentes versiones acerca del origen del turrón. Unas fuentes afirman que el turrón surgió tras un concurso propuesto por los árabes en el que se trataba de buscar un alimento nutritivo que se conservara en buenas condiciones durante una larga estancia y que fuera transportado fácilmente por sus ejércitos sin peligro de intoxicación.

Otras fuentes, no obstante, afirman que el turrón surgió gracias a la elaboración por parte de un artesano de Barcelona, apellidado Turró, el cual realizó un alimento con materias primas abundantes de la región que sería un recurso indispensable en épocas de escasez y hambrunas. Los defensores de esta versión derivan en que el nombre de turrón nace del apellido de dicho artesano. Ésta versión, a pesar de su aparente sencillez, es la menos respaldada. El carismático jijonenco, Fernando Galiana, quien dedicó muchos años de su vida a estos estudios, establece que la palabra turrón procede de torrat, que era una mezcla de miel y frutos secos que se cocía directamente en el fuego para dar una masa consistente y fácil de manejar. Existen más versiones, pero estas son las más expandidas.

La leyenda
En Jijona, existe incluso una leyenda que nos narra, a modo de cuento, cómo se originó el turrón:
“Por aquellos tiempos, el Rey contrajo matrimonio con una princesa escandinava, por lo cual ésta tuvo que venir a estas tierras dejando atrás su frío país de origen. La princesa se sintió muy triste al no poder disfrutar de los bellos paisajes de su país llenos de nieves perpétuas. El rey, desesperado por ver a la nueva reina decaída, para evitar su tristeza, tuvo la idea de plantar por todos sus territorios, alrededor del castillo, miles de almendros. De este modo, cuando los almendros florecieron, sembraron el paisaje de tonalidades blancas, de tal modo que todo parecía nevado, y la princesa volvió a recuperar su felicidad. Los habitantes de Jijona, a partir de ese momento, aprendieron a recoger los frutos de los almendros y a tratarlos, elaborando así las primeras muestras de turrón y derivados. ”

Y así acaba la leyenda… Hay otras ciudades como Toledo y Agramunt en las que también se tienen referencias históricas de la elaboración de turrón y mazapán, a pesar de que Jijona se erige como la ciudad del turrón y documenta históricamente su origen. De todos es sabido que el consumo de turrón prácticamente se reduce a las fechas navideñas. Respecto a este tema, cabe destacar un libro de Francisco Martínez Montiño titulado “CONDUCHOS DE NAVIDAD”, que data de 1584. Su autor era el jefe de cocinas de Felipe II y en él se reflejaba ya la costumbre de comer turrón en las fechas navideñas ya en el siglo XVI.

La mayoría de fábricas de turrón centran su mayor producción en los meses previos a Navidad (generalmente, desde Septiembre a Diciembre) para poder abastecer a España y resto del mundo (Japón, EEUU, Cuba, Venezuela, Argentina, Costa Rica, Francia, Alemania, etc.) del ansiado y esperado dulce de Navidad. El resto del año muchas de ellas cierran sus puertas a la vez que esperan el inicio de la nueva campaña.

Entre los problemas principales que presenta este sector están el estancamiento del mercado y la falta de mano de obra. Cabe destacar que a principios de los 90 el sector sufrió una grave crisis que llevó a la quiebra a grandes empresas punteras y puso en apuros a otras tantas, con el consecuente despido de cientos de trabajadores y la desestabilización de dicha economía. Actualmente, la situación ha mejorado y las cifras indican un aumento en la producción y en los recursos. Ésta palpable recuperación del mundo turronero ha aliviado a cientos de familias jijonencas cuyo sustento dependía exclusivamente de la temporada del turrón.

Venta de turrón en los portales de las casas
A lo largo de mucho tiempo, sobre todo a finales del siglo XIX y principios del XX, otras muchas familias jijonencas se fueron a vender turrón en toda España (Madrid, Barcelona, Mahón, Málaga, Valencia, Oviedo, Bilbao, Figueres, Badalona, Tarragona…) con las dificultades que ello suponía para la época. Llegaban con los carritos cargados y trataban de vender todas sus mercancías para volver a Jijona con el sustento ganado. Conforme el negocio iba prosperando, era bastante típico montar las tiendas en los portales de las casas céntricas de la ciudad.
Hoy en día, todavía existen negocios centenarios que han mantenido la tradición de vender turrones y mazapanes en estos portalitos antiguos y casi derruidos, e incluso obtienen mayores ventas en ellos que en nuevas tiendas montadas a posteriori.

Siguiendo con la tradición jijonenca, la mayoría de estos negocios que inicialmente eran de turrón, han derivado también en venta de helados, aunque al contrario también ha ocurrido. A modo de anécdota podemos contar la historia del “tio Ostrolica”, turronero en Barcelona, quien apurado por el mal tiempo que llevó a que la gente no saliera a la calle a comprar, decidió correr una aventura para poder vender todo el turrón que le quedaba. Se dirigió hacia el puerto y se embarcó con destino desconocido. Al cabo de unos meses regresó a su Jijona natal, donde le aguardaba su família. Cuando le preguntaron que dónde había estado, sólo supo responder lo que había oido puesto que en este lugar no entendía lo que sus gentes decían: dijo que había estado en Ostrólica o algo así. Definitivamente, había estado en Australia, ni más ni menos.

Fuente:  http://www.turronesydulces.com/historiaturron.htm

Alicante y la Leyenda de la Cara del Moro

De Alicante dicen que es la millor terreta del món o lo que es lo mismo, la mejor “tierrita” del mundo y bien orgullosos que están de ella los alicantinos. La semana pasada fue mi terreta de acogida, ya que mi pareja es alicantina y estuvimos de visita.
Es una ciudad frente al mar, con playas atestadas en verano y paisajes marrones todo el año. Es una población mediana, un tanto juerguista y de gente divertida. (Dicen las malas lenguas que “el alicantino: borracho y fino”). Pero, sin duda, lo mejor de Alicante es su clima, mientras en el resto de España y Europa estamos medio muertos de frío, allí sólo hace fresco y no llueve más que unos pocos días al año.
Hoy os explicaré uno de los primeros lugares que visité de Alicante hace ya unos años: el Monte Benacantil y la Cara del Moro. Justo en la fachada del mar, frente a la playa del Postiguet, se alza un monte escarpado sobre el cual se construyó el Castillo de Santa Bárbara. Desde un punto muy concreto de la playa se ve claramente el perfil de una cara masculina, la llamada la Cara del Moro. Visto así en la foto está muy claro, pero os puedo prometer que yo tardé varios años en verla de verdad. La cuestión es saber desde donde mirar.
La historia de este moro hace referencia al pasado musulmán de la Península Ibérica, que dejó una extendida tradición algo romántica de la historia del país.

La leyenda que da nombre a la ciudad de Alicante habla de dos enamorados que vivieron hace mucho, mucho tiempo, hace aproximadamente mil años, en un lugar no tan lejano, en la costa levantina donde la Akra Leuke griega o la Lucentum romana. 
El califa que gobernaba aquella bella ciudad, levantada junto al Mar Mediterráneo, tenía una hija llamada Cántara, de una belleza sin igual (como todas princesas de todos los cuentos).

Estas fotos son de la hoguera del Polígono de San Blas del 2011
que trataba sobre la leyenda de Alí y Cántara. Aquí tenemos a la bella Cántara.

Para variar, una gran cantidad de pretendientes llegaron a la ciudad a pedirle al califa la mano de la jóven, entre los cuales destacaron dos: Almanzor y Alí. Almanzor era un gran general que ha pasado a la historia, procedente de Córdoba y conquistador y terror de Zamora, Barcelona, Santiago… Alí, era un joven noble guapo y por lo que se ve con bastante labia y encanto.

El Califa con los dos pretendientes

El califa, ante a la duda, decidió proponerle a los pretendientes una prueba para que la decisión quedara en manos de Alá. El primero en llevar a cabo una gesta que fuera de su agrado, se llevaría la mano, y por supuesto la fortuna, de la bella Cántara. 

Almanzor partió hacia la India a por sedas y especias y abrir así una ruta comercial con el Lejano Oriente.
Alí, en cambio, decidió un trabajo igualmente duro pero intencionadamente cerca de su amada: quiso abrir una acequia que trajera agua a la ciudad desde la zona de Tibi.  Las obras de la acequia comenzaron con buen pie, pero como cualquier obra española acabó a medias y con retrasos, ya que Alí tenía otras cosas más importante a las que dedicarse. Empezó a “festear” a la princesa, a cortejarla, a cantarle romances y hacerle arrumacos varios, de manera que ella cayó rendida a sus pies.
La feliz pareja antes del desastre

Entonces Almanzor regresó. Había cumplido su misión de traer un barco cargado de especias y ricas telas para el Califa, que satisfecho le dio la mano de su hija al trabajador muchacho.
Cuando Alí se enteró de que su amada iba a ser entregada a otro, desesperado se tiró por un barrranco. Al caer al fondo del abismo, la tierra se abrió milagrosamente y brotó el agua de la montaña, llenando la actual presa de Tibi (que fue la principal fuente de suministro de agua de esta ciudad tan seca).

presa de Tibi

Por si no había habido suficiente drama, Cántara al enterarse decidió seguir el ejemplo de su amado y se tiró también de un barranco de la Sierra de San Julián, conocido desde entonces como el Salt de la reina mora o Salto de la reina mora.
Y como la cosa no podía ser diferente, el Califa habiendo perdido a su hija predilecta y cayó en una tristeza tan profunda que acabó muriendo de pena. Al cabo de poco tiempo, su triste perfil apareció tallado en lo alto del monte Benacantil y la corte sarracena impresionada por esta historia o culebrón familiar decidió cambiar el nombre de la ciudad por Alicante, para conseguir que los dos amados permanezcan unidos, aunque sea sólo por su nombre, para la eternidad.

En el libro Relatos de una ciudad dormida, he leído que si miras bien, y si realmente estás enamorado, junto la cara del Califa, puedes ver también la cara de la princesa Cántara. Así que ya sabéis, si os acercáis a Alicante buscadlos a los dos justo debajo del Castillo de Santa Bárbara.

CASTILLO DE SANTA BÁRBARA

Después de ver la Cara al Moro, aprovechad y subid al Castillo de Santa Bárbara. Si os sentís turistas podéis hacerlo en ascensor desde el Paseo Marítimo por 2,40€, o sino hacedlo en coche y aparcad arriba si es que encontráis sitio.
La fortaleza comenzó a construirse en el S. IX, bajo la dominación musulmana, aunque las dependencias que quedan son del S. XVI al XVIII. Durante estos siglos el castillo sufrió varias transformaciones para adaptarlo a las nuevas técnicas de guerra y sobrevivió a diferentes contiendas con resultados variados. Sirvió como cárcel durante la Guerra Civil, después como refugio para mendigos y cayó en el abandono hasta 1961. Ese año fue nombrado como Bien de Interés Cultural se arregló y abrió al público y se abrieron los ascensores que suben desde la playa.
La entrada al Castillo es gratuita y podréis disfrutar de unas buenas vistas de Alicante y sus alrededores (está a 166 metros sobre el mar). En las diferentes dependencias repartidas alrededor de patio y escaleras podéis visitar diferentes exposiciones sobre el recinto, la historia de la ciudad y de la navegación.

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