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Akra Leuka

Los orígenes de este primer asentamiento urbano estable de Alicante se remontan al s. III a.C y coinciden con la aparición de diversos poblados íberos en la provincia de Alicante

Akra Leuké, ó Akra Leuka (del griego Ἂκρα Λευκῆ, «Akra Leukḗ» o Λευκῆ Ἂκρα) es el nombre con el que se conoce el primer asentamiento del que se tiene noticia sobre lo que hoy en día es Alicante. Data del año 231 a.C. y se trataba inicialmente de una base militar fundada por Amílcar Barca.

Akra Leukḗ significa «promontorio blanco». Se piensa que se utilizó este nombre para describir el monte Benacantil sobre el que estaba ubicado dicho asentamiento. La figura del Benacantil, la elevación montañosa más elevada desde el dianense Montgó y la Sierra Helada benidormí, debió servir como hito de referencia para la navegación de cabotaje que solían realizar los griegos, y probablemente éstos le debieron asignar este nombre por la tierra seca y arcillosa que constituye dicho monte. Curiosamente, cuando la ciudadela pasó a manos romanas, éstos le dieron el nombre de «Castrum Album», cuya traducción al castellano es idéntica.

Los orígenes de este primer asentamiento urbano estable de Alicante se remontan al s. III a.C y coinciden con la aparición de diversos poblados íberos en la provincia de Alicante, ampliamente documentados por multitud de restos arqueológicos de cerámicas, murales, utensilios y cimientos de construcciones, identificadas como construcciones comerciales y militares griegas. En concreto, la construcción de Akra Leuké pertenece a la misma época que los Baños de la Reina de El Campello, aunque no existen pruebas fehacientes que unan ambos asentamientos bajo el poder de una misma población. Hay que tener en cuenta que la distancia que separa a ambos lugares – unos 15 kilómetros o 9 millas marítimas – era una distancia considerable para aquella época.

Tradicionalmente se han asimilado estos primeros asentamientos con los focenses, naturales de la polis griega de Focea, en Asia Menor. Se sabe que los focenses mantenían rutas comerciales con las poblaciones de la costa mediterránea peninsular como Sagunto. Amilcar Barca situó en el monte su principal acuartelamiento poco antes de la Segunda Guerra Púnica, al valorar las posibilidades que ofrecía como asentamiento militar su cima.

Posteriormente, hacia el 201 a. C., los romanos capturan la ciudad íbera del cercano Tossal de Manises cuyo nombre había derivado hacia Leukante o Leukanto, y que fue adaptado al latín como Lucentum. Se sabe que por aquel entonces existía un puerto marítimo-fluvial en este emplazamiento junto a la desembocadura del Barranco de Orgegia, entre la Serra Grosa y el Cabo de las Huertas. Este barranco daría posteriormente lugar a la actual playa de la Albufereta. En esta ubicación idónea para el intercambio comercial y el cultivo por irrigación, se situó el primer solar urbano que daría lugar con el paso del tiempo a la ciudad de Alicante.

Monte Orgegia, junto a la actual playa de La Albufereta

Existe cierta polémica acerca de si Akra Leuka coincidía exactamente con la ubicación de Lucentum, dado que ésta presenta materiales arqueológicos cercanos a la segunda mitad del s. III a. C. y pese a la cercanía, es posible que Akra Leuka no pasara de ser un mero asentamiento militar y no una ciudad en el sentido amplio de la palabra. Sin embargo, estudios recientes en el cercano Tossal de Manises nos hablan de que, al menos la parte baja de Akra Leuka, es de origen púnico, y que el asentamiento ibérico antiguo parece encontrarse en este mismo lugar.

Sea como fuera, es probado que los primeros asentamientos de Alicante tuvieron origen griego, rondan el s. III a. C., tuvieron un origen militar en el monte Benacantil y que posteriormente se expandieron hacia la ladera septentrional del monte dando lugar a una población con una fuerte actividad comercial que tuvo su esplendor durante la ocupación romana, donde se convirtió en un relativamente destacado proveedor de aceite, vino y salazones.

El Tossal de Manises, tal como estaba en 1931

Por último, cabe señalar que estos homónimos quedan convenientemente reflejados en el escudo de la ciudad de Alicante, en cuyo campo central aparece el monte Benacantil flanqueado por las iniciales, A, L, L y A, cuyos significados son: Akra Leuka, Lucentum y Al-Quant o Alicante.

Descripción: En campo de gules, sobre ondas de agua de azur y plata, un castillo de oro aclarado de sable, sobre una peña de su color; surmontado de un escudo de dama de oro, cargado con cuatro palos de gules; y acompañado de las letras A y L a la diestra, y L y A a la siniestra, todas de oro y puestas en palo. El montículo representa al Monte Benacantil donde se asentaba un alcázar árabe, hoy convertido en el Castillo de Santa Bárbara y que fue el origen de la ciudad musulmana.

Publicado el 22 julio, 2012 por Víctor Guerra                                                    © Web del Autor 

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El Incendio del Tiflis.

Fue un hecho de aquellos que marco una ciudad. Dio origen a la leyenda urbana del Negre Lloma y se ha mantenido vivo a lo largo de los años. . . . . . . . . . . . 

EN NOCHE CERRADA MAS VALE VELA AFERRADA

Fue un hecho de aquellos que marco una ciudad. Dio origen a la leyenda urbana del Negre Lloma y se ha mantenido vivo a lo largo de los años, aunque con el paso de estos se tiende a olvidar, gracias a páginas web como Alicante Vivo. Fue el incendio del petrolero TIFLIS en el interior del puerto de Alicante.

Aquel pequeño petrolero, de bandera belga, –quien se lo iba a decir a la gente que lo vio arder por los cuatro costados- iba a pertenecer a un sinfín de compañías e iba a llegar vivo a la era de los superpetróleros.

En septiembre de 1966, después de sufrir otra explosión en Santa Cruz de Tenerife ese mismo año, era desguazado en Aviles el MONTELEON, aquel viejísimo cascaron de acero que había sido botado al agua el 22 de junio de 1900 en Low Walker, en donde se encontraban los astilleros Armstrong Withworth, que en aquel entonces eran los de mejor tecnología en la construcción de tanques.

Su numero de grada era el 704, y aquel minúsculo petrolero, bautizado TIFLIS, era aceptado por sus armadores – S.A. Pour L´importation des Huiles de Graissage- en septiembre de aquel mismo año; 1900.

El TIFLIS en el puerto de Barcelona dando consumo a un gran trasatlántico italiano. Del libro CAMPSA 1928-1932

Es decir, vivió casi 66 años.

Solo un año después de su final se hundía el TORREY CANYON (1967), de casi cuarenta veces mas desplazamiento, iniciando la era de lo que serian grandes tragedias marítimas. No les importaba nada esto a los alicantinos de aquel 1915, ya que la guerra y las explosiones del TIFLIS habían puesto gran espanto en sus almas.

Los diarios y sus hemerotecas constituyen una fabulosa fuente de información – a la que el buen historiador siempre recurrirá, con exquisito cuidado al juzgar su contenido, para tratar de obtener luz sobre diferentes hechos del pasado- que hoy día, gracias a la digitalización, podemos encontrar en la gran red. El diario La Vanguardia, la revista La Ilustración Española y Americana, la también revista El Mundo Naval Ilustrado, entre otros, se encuentran o encontraran el la red para consulta de todos los interesados. De la página web en que se encuentra la hemeroteca del diario ABC, obtenemos los siguientes apuntes que narran la tragedia. En el diario ABC, edición del jueves 4 de marzo de 1915, se podía leer: …

”Pánico en Alicante.

Un barco Petrolero Incendiado. Alicante, 3, 9 noche. Esta tarde sé oyó una formidable explosión, que hizo cundir la alarma en todo Alicante.

Lo ocurrido era que .había reventado el depósito de proa del vapor belga TIFLIS, surto en el puerto y cargado de petróleo.

Inmenso gentío acudió al muelle, y comenzaron á circular por toda la población vagas noticias y fantásticas versiones.

Se dijo en un principio que habla á bordo dos muertos y algunos heridos.

En efecto, algunos de los últimos, eran llevados en coches particulares y en compañía de individuos de la Cruz Roja hacia las Casas, de Socorro.

Foto del TIFLIS en el dique seco de Matagorda. Foto del Museo El Dique. Del libro LA ESTELA DEL PETROLEO

De momento no era posible formar idea exacta de la importancia del siniestro.

Pronto se supo que había á bordo del buque 2.000 toneladas de petróleo.

El incendió á bordo adquiría cada vez mayores proporciones, y no tardaron en acudir las autoridades civiles y de Marina, un retén de Seguridad, .fuerzas dé Carabineros y de la guardia civil y los bomberos.

Atríbuiase la explosión á la imprudencia de alguien que tiró á bordo un cigarro encendido.

El vapor acababa de descargar 1.400 toneladas de petróleo para la Sociedad Deutsch y Compañía, y levaba anclas cuando estallo el depósito.

Desde el primer instante se supuso que el vapor quedaria completamente destruido, y se estableció rigurosa vigilancia para impedir que el publico invadiera el muelle.

Está fondeado el buque en la escollera de Poniente.

Faluchos y laúdes que se encontraban próximos al TIFLIS, así como también algunos botes de servicio del puerto, atracaron al costado de aquel para que pudieran transbordar los tnpulantes y ponerse a salvo.

Los primeros á quienes se asistió en las Casas de Socorro fueron los belgas German Iser, que presentaba contusión en un pie; Samuel Piet, Guillermo Poncenose, de cuarenta y tres años, con graves quemaduras en las manos y piernas y en la cara, y Juan Decoste, también con quemaduras en las manos y en el tórax, y el español Antonio Campani, trabajador del muelle, que tenia una contusión en la cabeza.

Aunque de mala calidad, el valor historico es notable. Esta foto muestra el buque incendiado en el interior de la rada de Alicante. De la revista LA VIDA MARITIMA. Año 1915

La Cruz Roja situó un reten en la Plaza de Isabel II, y los exploradores prestaban eficaz ayuda para la conducción de heridos, espectáculo este que produjo honda tristeza en la muchedumbre.

Circuló el rumor de que á bordo del vapor incendiado había gran número de muertos.

Mientras tanto, entre las dotaciones de los buques surtos en la bahía aumentaba el temor de que se produjeran nuevas explosiones.

Desde una de las Casas de Socorro se condujo un cadáver al Depósito.

Como el buque se encuentra fondeado a alguna distancia del muelle fueron inútiles los esfuerzos de los bomberos.

Alguien afirmó que el capitán del TIFLIS no respondía de que al adquirir el fuego mayores proporciones no se inflamara otro depósito lleno de petróleo, y las autoridades ordenaron que los espectadores se alejaran aún más y desalojasen los muelles y el paseo de los Martires.

El TIFLIS incendiado en Alicante y remolcado hacia el exterior del puerto por un pesquero. Foto de la revista La Actualidad de fecha desconocida.

Los heridos eran conducidos, primeramente, al Club de Regatas, y, desde allí se les conducía á las Casas de Socorro.

En vista de que no había posibilidad de extinguir el fuego, el comandante de Marina dirigió un telegrama al ministro dé ese departamento y otro al capitán general del apostadero dé Cartagena., á quienes manifestaba la necesidad de que sea enviado un buque de guerra que eche á pique al vapor incendiado, deseo expuesto también por el gobernador civil.

Asegúrase que á bordo del TIFLIS solo murieron cuatro de sus 30 tripulantes.

Los supervivientes se han refugiado en el despacho del consignatario del buque.

Una de las especies que circularon fue la de que el Capitan del buque incendiado dirigíase á bordo, decidido á sacar del puerto al TIFLIS para hacerle encallar en la playa de Babel y evitar asi el peligro que amenaza á la ciudad.

A las siete tomó incremento el fuego. Las llamas envolvían el buque, del que se elevaban densas espirales de humo.

Se agotaron las ediciones de los periódicos de la tarde, que arrebataba de manos de los vendedores el público, ávido de detalles acerca del siniestro.

El incendio en la cubierta de proa. Se aprecia la bandera roja del texto del diario. De la revista LA VIDA MARITIMA. Año 1915.

Durante toda la tarde han pasado por la población muchas camillas con heridos para las Casas de Socorro ó en dirección al hospital civil.

Se ha dicho, al comentar la causa del incendio, que anoche pasearon por Alicante muchos de los tripulantes del TIFLIS, y que casi todos regresaron ebrios á bordo.

Añadiase que acaso alguno dejó caer encendida la punta de un cigarro, y a eso se debe la catástrofe.

En el reten establecido por la Cruz Roja fue curado el alicantino Antonio Román Martínez, que comía a bordo del TIFLIS cuando se produjo la explosión.

El buque es de matricula de Amberes.

Se deplora que no haya medios de destruir el buque, presa de las llamas.

El Capitán de Marina ha pedido también remolcadores a Cartagena.

Otro de los que se encontraban a bordo al ocurrir la explosión era el práctico, don Joaquín. Pérez, que se salvó milagrosamente. Relata que el fuego comenzó por la proa, y asegura que es imposible levar anclas.

Ordenó el comandante de Marina, que se procediese á picar la cadena del ancla para que pudiera ser remolcado el TIFLIS á alta mar; pero se desistió de hacerlo ante el temor de que el buque, sin gobierno, varase en lugar cercano á la población.

Tiene el vapor dos tanques, uno con 600 y otro con 700 toneladas de petróleo, y se teme que el f0uego, cada vez más imponente, prenda en los depósitos.

Los vecinos de Alicante contemplan el terrible espectáculo desde azoteas y balcones, y mucha gente se aglomera en las bocacalles que dan al muelle.

Impresionante foto del buque incendiado en sus primeros momentos. Foto de la pagina web Alicante Vivo.

A las ocho se pensó en abrir las escotillas con objeto de que el TIFLIS se fuera á pique; pero se considero poco eficaz el medio, toda vez que hay poco fondo en él sitio donde arde el buque.

Muchas familias de las que habitan en el paseo y en las calles frente al puerto han abandonado sus viviendas en previsión de una posible catástrofe.

Aumenta la alarma en Alicante, y esta noche sé han suspendido algunos espectáculos.

No cesan de salir automóviles y carruajes ocupados por familias que se dirigen á los pueblos vecinos.

Los técnicos afirman que el buque arderá por completo, pero que no se producirá explosión alguna.

El casino y los cafés que dan a la explanada, del muelle están de bote en bote.

En la Comandancia de Marina se ha recibido un telegrama que anuncia la salida de Cartagena de un cañonero con rumbo este puerto.

El TIFLIS está asegurado en una Compañía inglesa.

Se ha confirmado que murieron a bordo cuatro tripulantes: Pedro Sanseng, de treinta años; Víctor Roeland, de veintisiete; Mepliziales, griego, de la isla de Andros, hombre de edad muy avanzada. Alto apellidábase la otra víctima, carpintero del buque. Murió cuando le conducían á la Casa del Socorro.

El anciano griego realizaba su ultimo viaje á bordo del TIFLIS.

En cuanto á Roeland, fue hecho prisionero por los alemanes el 2 de Agosto y conducido a una isla, de la que consiguió fugarse, llego á Nueva York y embarcó en el vapor belga donde ha encontrado la muerte.

Créese que ha desaparecido el peligró de una nueva, explosión, puesto que arde ya todo el buque y es de presumir que también el petróleo.

La población empieza á recobrar la tranquilidad.

Foto de popa del buque incendiado. Se aprecian los imprudentes espectadores y la imponente chimenea. De la revista LA VIDA MARITIMA. Año 1915.

Los tripulantes del TIFLIS muéstranse apenados por el trágico fin de sus cuatro compañeros”…

El mismo diario ABC, repetía el día 5 de marzo de 1915 con este otro apunte: …”Barco Incendiado: Alicante 4. 9 noche. A las diez de esta mañana se oyeron, dos nuevas explosiones.

Créese que se produjeron en el depósito que contenía el petróleo.

A esa hora ya se había retirado el retén de la Cruz Roja, que prestó tan buenos servicios, y estaba ya en el puerto el cazatorpedero FERROL.

Durante toda la mañana, el muelle ha estado invadido por el público.

Con objeto, de evitar que se reproduzcan sucesos como el ocurrido se solicitará, con toda urgencia, la caducidad de la concesión de la tubería instalada en el contramuelle para la conducción del petróleo á la casa Furcaduz.

A las tres de la tarde, las llamas envolvían las dos terceras partes del buque y se elevaba al espacio una espesa columna de humo.

Hoy no ha entrado ningún buque en el puerto.

Los que llegaron esta mañana se hallan fondeados en la bahía.

Calculase que las perdidas del incendio en el vapor TIFLIS ascienden a unas 300.000 pesetas.

El buque a pesar de lo que en contrario se ha dicho, no llevaba a bordo bidones de gasolina.

El Capitán del barco tenia a su esposa e hijos en Amberes, de donde se vieron obligados a salir cuando aquella ciudad fue bombardeada por los alemanes.

Actualmente se hallan en Inglaterra.

Asegurase que el capitán del buque fue a bordo del CABO QUEJO y solicito auxilio, que le fue denegado, e igualmente se dice que el ANTONIO pidió 250.000 pesetas por remolcar al TIFLIS.

La prensa local lamenta la indecisión de las autoridades y considera incomprensible que se haya dejado a la población tanto tiempo bajo la amenaza de una catástrofe”…

Una versión muy parecida, pero mas completa y mucho mas interesante, la da el DIARIO DE ALICANTE, quien en su edición del 5 de marzo de 1915 anotaba: …”El Suceso de Ayer Tarde. Horrenda Explosión en un Buque.

Durante toda la tarde y noche de ayer, hasta hora bastante avanzada de la madrugada, no ha cesado un solo momento de trajinar la muchedumbre ansiosa de acercarse a los sitios desde donde se pudiera observar la embarcación incendiada.

Pruebas de mar del CAMPESTRE tras la reparación efectuada en la Unión Naval de Levante. Se aprecian las feas marcas de neutralidad. Del libro UNION NAVAL DE LEVANTE. 1924-1949.

De todos los extremos de la capital descendía una interminable procesión de gentes que venían a extenderse luego apiñadas en la Explanada hacia la acera e invadiendo terrazas de los cafés y las desembocaduras de las calles próximas.

Conforme ayer decíamos, ya se había dado orden de despejar no solo los muelles, sino todo el espacio comprendido desde la mitad del parque de Canalejas hasta la entrada del paseo de Gomis; varias parejas de la Guardia Civil y los urbanos ocupaban sitios adecuados para hacer cumplir tales previsoras ordenes.

Aun, en el barco incendiado, quedaba encerrado en los tanques buena cantidad de petróleo y se temía otra tremenda explosión.

Espectáculo Soberbio: Por la noche ofrecía el puerto un espectáculo fantástico; allá en el fondo , junto al muelle de poniente, destacabase, alumbrado por las luces rojas del incendio el casco negro del buque. Desde la proa habiase propagado el fuego hasta las proximidades del puente; una llama enorme, gigantesca, que de esta parte se elevaba, parecía retorcerse amenazadora y voraz contra la percalina roja de una banderita que sobre lo más alto de un mástil aun flameaba. Y la llama, como atraída por aquella bandera, permanecía horas y horas estacionada…

En tanto la multitud cada vez más numerosa comentaba a su sabor.

Atemos Cabos: La precipitación con que hubimos de ordenar nuestras notas para nuestra información de ayer acerca de este suceso nos hizo incurrir en omisiones que nos creemos obligados a enmendar hoy.

Aparte del Señor Comandante de Marina, el Gobernador Civil, el Alcalde, el Juez de Instrucción y demás autoridades que citábamos y que desde los primeros momentos vimos en el muelle de Poniente dictando las ordenes precisas para evitar males mayores, vimos también, y, justo es consignarlo, al teniente coronel de la Guardia Civil Sr. Aguilar, al capitán del Cuerpo de Seguridad, al ingeniero de la Junta de Obras del Puerto Sr. Lafarga, al ingeniero auxiliar Sr. Sánchez Guerra y al juez municipal Sr. Ramos.

Consignemos también que los empleados de los teléfonos interurbanos han montado un servicio permamenente durante la noche ultima para autoridades y prensa.

El MONTELEON, de CEPSA. Foto Archivo Juan Carlos Díaz Lorenzo.

También condujese de modo plausible el cuerpo de Vigilancia.

Buenos Camaradas: Apenas ocurrida la explosión en el TIFLIS acudieron a bordo de este buque varios tripulantes del vapor holandés SESES, que ayudaron con denuedo a los belgas en su labor de salvamento.

Estos, agobiados por la impresión recibida, parecían tan aturdidos que apenas podían explicar lo ocurrido; con uno de ellos hablamos tres veces y cada una de ellas nos explicaba de un modo distinto la manera como había logrado salvarse. Habíamos de recordarle, habíamos de insistir, para hacerle coordinar sus ideas.

La ayuda de los marineros holandeses durante los primeros instantes, cuando todo era confusión en el barco, fue quizás eficacísima y ello debemos consignarlo con alabanza.

El Capitán y los Maquinistas: El Capitán Mr. Zyster cumplió como los buenos. Serenamente se impuso cuando inmediatamente después de la catástrofe se apodero de la gente de abordo el pánico; con energía dicto las órdenes más apremiantes y con los marinos permaneció sobre cubierta un buen espacio de tiempo.

Fue el último que salto a tierra y solo abandono la nave cuando se le ordeno que asi lo hiciera.

En los primeros momentos la tripulación intento hacer maniobrar la embarcación a ver si podían sacarla fuera del puerto, pero resultaron infructuosos todos los esfuerzos.

Sobre todo los maquinistas y fogoneros se portaron admirablemente; algunos de ellos estuvieron en el deposito de maquinas hasta ultima hora y antes de subir a cubierta dejaron dispuestas las calderas de modo que no produjeran explosión.

Incendio del MONTELEON en Tenerife. Agradecemos especialmente esta foto enviada por el Sr. Juan Carlos Diaz Lorenzo.

El Cónsul de Bélgica: También desde los primeros momentos acudió al lugar de la catástrofe y presto a sus compatriotas cuantos servicios eran de su competencia, el Cónsul de Bélgica en esta capital Mr. Tindon, eficazmente secundado por otros señores.

Este no ceso en sus gestiones durante toda la tarde y acompaño al Capitán del TIFLIS a la Comandancia de Marina y a otros sitios donde se hacia necesaria su presencia.

La Copa de Salvamento: Decíamos ayer que entre los tripulantes del barco incendiado figuraba un español, Nemesio Cavie, de Santander, y un argentino llamado Juan Groy.

Este invito a aquel a apurar una copa, antes del servicio de vigilancia que les correspondía a tales horas; a ello atribuyen la salvación dada la coincidencia de haberse alejado del peligro en el momento de la explosión y el español, pasadas las primeras impresiones, abrazo agradecido al argentino.

De Vigilancia: Durante toda la noche han prestado servicio de vigilancia alrededor de los muelles y en el paseo de los Mártires fuerzas de la benemérita y seguridad.

También han permanecido constantemente en los puestos que se les designaron los bomberos y los individuos de la Cruz Roja.

A las tres de la madrugada habiase retirado mucha gente y solo veiase por los alrededores de la explanada algunos grupos de curiosos y las personas que a ello se veían obligadas.

Semejando a la lumbre de una antorcha grandiosa manteniase inhiesta, alumbrando el puerto, la llama colosal del incendio, que ya habiase corrido más hacia el castillete del puente. La banderita roja continuaba flameando en lo alto…

Los Temores del Vecindario: Eran justificados los temores de una tremenda explosión, era este el peligro inminente en realidad, pero la fantasía popular exagero en sus deducciones sobre las consecuencias inmediatas y muchas familias pudientes apresuraronse a alejarse de la ciudad trasladándose a los caseríos y pueblos próximos.

La intranquilidad era enorme, los recelos habianse apoderado de los espíritus mas flemáticos y de tal estado de ánimos da prueba el incidente acaecido anoche a las once en el Café Español.

Mientras desde la terraza del establecimiento contemplaban algunos el espectáculo soberbio del incendio, otros, jugadores impenitentes del domino, o los que no se resignaban a faltar a su tertulia habitual, permanecían dentro del salón, sosegadamente.

El petrolero MONTELEON en la rada de Tenerife. Coleccion Juan Antonio Padron Albornoz. Universidad de La Laguna. Puerto Autonomo de Tenerife.

Fuera vibro un toque de corneta y enseguida irrumpieron en el salón como de huida varios individuos desde la terraza. Se produjo una confusión estupenda; muchos corrían hacia las puertas de las calles de San Fernando y Coloma, derribando las sillas, atropellándose, mientras pugnaban otros por inquirir los motivos de tanta alarma.

Una señora que dormitaba sentada sobre uno de los divanes, irguiese rápida y cayo al suelo derribando un velador…

Restablecida la calma comentose el suceso largamente. El toque de corneta había sido un aviso a los bomberos que les correspondía retirarse a descansar y esta coincidió con un rápido progreso de la llama que alarmo a las asustadizas gentes que huyendo se refugiaban dentro del salón.

A la señora que sufrió la caída y un susto estupendo, se le prestaron los cuidados del caso, en la cocina del establecimiento. También una niña que con aquella estaba en el café sufrió un gran susto y así mismo se le prestaron solícitos auxilios por el dueño del establecimiento Sr. Limiñana.

No se produjeron afortunadamente lesión alguna.

El Personal de a Bordo: Como ayer decíamos llamase el Capitán Mr. Charles Zystor.

Y además figuraban entre el personal a sus ordenes el primer oficial Mr. Of Junquera; el segundo oficial, J. Vilervinj; el primer maquinista, Mr. A. Betz; el segundo, R. Von de Crach; el tercero, Mr. Van Germen; y el tercero Mr. F. Arien.

Mr. R. Von de Grach es holandés.

El barco desplazaba 1.796 y llevaba 30 tripulantes.

¿Paso el Peligro?: Anoche cuando bajaron a tierra el Capitán y parte de los tripulantes del TIFLIS que como antes decimos, subieron al barco para tratar de ponerle en condiciones de ser sacado del puerto, se dijo que habían logrado alejar todo peligro para la ciudad, abriendo válvulas hasta lograr hacer encallar la embarcación.

El Salvamento: El Capitán visito al Comandante de Marina para darle cuenta del fracaso del intento.

Se pidió auxilio a otros buques para que remolcaran al vapor siniestrado Solo el ANTONIA ofreciese a ello, pero necesitaba autorización de la casa de Valencia, autorización que fue solicitada por telégrafo.

Era peligroso el remolque del TIFLIS por el estado de su proa, toda cuarteada y que no ofrecía la debida resistencia para ser arrastrado de ella.

A medida que pasaba el tiempo era mas grande el peligro para los barcos veleros que había en el puerto. Los vaporcitos pesqueros prestaron grandes servicios remolcándolos hasta el antepuerto, operación en que invirtieron toda la noche.

Los Supervivientes: El consignatario D. Arturo López cuido desde los primeros momentos de los supervivientes, buscándoles hospedaje. La tripulación toda a quedado alojada en la posada de Ramis.

También se apresuro a telegrafiar al agente general de la Compañía comunicándole el triste suceso.

Los Muertos: El Capitán confirmo que a bordo habían quedado cuatro tripulantes que habían hallado la muerte al ocurrir la explosión.

Eran estos los siguientes: Haudsetters, fogonero, de 28 años; Jonssens, fogonero también, de 30; Meplizotes, marinero anciano, de nacionalidad griega; y Roland, marinero.

Este último lucho contra los alemanes al comienzo de la guerra, defendiendo la libertad de Bélgica. Fue hecho prisionero conduciendosele a una isla de la que logro evadirse buscando refugio en Nueva York. En la gran urbe americana embarco en el TIFLIS.

El otro muerto de que ayer hablábamos y que fue conducido a la casa de socorro era el carpintero Julio Asito, ingles.

Esperando al TERROR: Durante la pasada noche se ha esperado con ansiedad el auxilio pedido al Apostadero de Cartagena.

Se recibió un telegrama anunciando que a las ocho encendía sus calderas el torpedero TERROR para dirigirse a Alicante.

El buque no llego hasta bien avanzado el día, poco antes de las siete.

Nada se Hace: Son generales las censuras a las autoridades que no han sabido hallar remedio al peligro que corría la ciudad.

Al llegar el TERROR han conferenciado con el Comandante de Marina las demás autoridades y han acordado dejar que el buque se pierda totalmente ya que se considera imposible prestarle auxilio y además podría sumergirse en la bocana del puerto al salir, inutilizándola para mucho tiempo.

Nuevas Explosiones: A poco de llegar el TERROR, a las ocho, se han producido en un intervalo de diez minutos, dos explosiones semejantes a dos cañonazos lejanos.

El publico que había en la parte baja de la ciudad ha huido despavorido”…

El relato presente es bastante mas completo que el del diario ABC.

Respecto al buque, y de la página web Miramar Ship Index, extraemos su vida operacional simplificada: …”

  • 1900. Pertenece a SA pour L´importation des Huiles de Graissage. De Amberes.
  • 1901.- SA d´Armament, d´Industrie et de Commerce, de Amberes.
  • 1916.- Tiflis Steamship Company, Ltd. (Posiblemente propiedad de Echevarrieta y Larrinaga y fletado a esta Compañia)
  • 1917.- Lane & MacAndrew Limited. (Posiblemente fletado por Echevarrieta y Larrinaga a esta Sociedad)
  • 1920.- Echevarrieta y Larrinaga.
  • 1920.- Pasa a la Compañía Vasco Valenciana de Navegación.
  • 1941.- CAMPSA.
  • 1958.- Compañía Española de Petróleos S.A. CEPSA.

Es probable, aunque no esta contrastado, que el buque fuese reparado en Barcelona y vendido a Echevarrieta y Larrinaga, que –por motivos e “imposiciones” de guerra- lo fleto a intereses del gobierno británico.

Deducimos esto de diferentes apuntes obtenidos del libro Capital Vasco e Industria Andaluza. El Astillero Echevarrieta y Larrinaga de Cádiz. (1917-1952), escrito por José Luís Gutiérrez Molina y publicado por el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz. (ISBN: 84-7786-364-4). Un libro algo espeso para el aficionado a los barcos y sus fotos, pero una excelente fuente de información para el que quiera investigar con rigor dichos astilleros. Entre varios apuntes, tomamos como notorio este: …Similar fin, aunque por motivos distintos tuvo su participación en los negocios petrolíferos. Durante la guerra ya había comprado un petrolero que no pudo utilizar al serle incautado por el gobierno británico para utilizarlo en el abastecimiento de sus buques en el mar Negro.

Cuando le fue devuelto al término de la contienda, tras repararlo lo vendió a una naviera inglesa. En 1921, con los bancos de Urquijo y Español de Crédito, intervino en el capital español que creó, junto a otra participación mayoritaria extranjera, la Sociedad Petrolífera Española encargada de distribuir los productos de la Royal Dutch-Shell en España. El momento estaba bien elegido porque empezaba a desarrollarse en el país una creciente demanda de gasolina tanto para la producción industrial como para el transporte por el impulso que adquiría la industria automovilística. Sin embargo lo que prometía ser un saneado negocio se quebró durante la Dictadura de Primo de Rivera, a principios de 1928, cuando empezó a funcionar la Compañía Arrendataria del Monopolio de Petróleos.

Hasta entonces la empresa había sido una de las más importantes de España en el refinado y compra-venta de petróleo con una cuota de mercado del 35 %, la segunda tras la Standard Oil que era la compañía mayoritaria. Al concurso de concesión se presentaron, junto a otras cuatro propuestas, la de Shell-Echevarrieta y Banco Central y la de la compañía Porto-Pí del financiero Juan March. Fue un consorcio de los principales bancos españoles quien la obtuvo. Suponía el fin de la empresa cuyas instalaciones fueron expropiadas y sus importes tardaron años en pagarse.

Otra vez Echevarrieta se veía desalojado de un próspero negocio y no precisamente con ganancias”…

Excelente este apunte. La relación de Echevarrieta con Shell le permitiría la venta de varios de los buques de la serie IR, tras su transformación en petroleros, a esta compañía.

De todas formas, el buque petrolero de que se habla es el TIFLIS, que según este mismo libro indica “…aunque Echevarrieta seguirá siendo considerado un naviero, su presencia en el sector se limitara a un petrolero, el TIFLIS, que había adquirido al Gobierno británico”…

También debemos notar el siguiente texto del mismo libro: …”Sin embargo, Echevarrieta continuó presente en el mundo marítimo tanto como armador del petrolero TIFLIS como propietario del astillero de Cádiz. El primero le fue incautado durante la guerra por el gobierno británico y utilizado en labores de petróleo de barcos y submarinos de esa nacionalidad en las costas rusas. Finalizado el conflicto el buque le fue devuelto y, tras ser reparado en el astillero gaditano con cargo al gobierno británico, siguió utilizándolo como buque tanque hasta su alquiler a la Sociedad Petrolífera Española y posterior integración en la CAMPSA“…

Echevarrieta fue, como hemos visto, uno de los pioneros del negocio del petróleo en nuestro Estado. También Sota y Aznar, como ya vimos, lo intentaban paralelamente y, de raso, todos estos intentos acabaron con la formación de CAMPSA, algo de lo que siempre he sido y soy partidario. Los bienes de un Estado deben revertir en este y no en codiciosas y muy perversas corporaciones multinacionales.

Si queremos un libro con información del mercado del petróleo –navieras y algo mas- en nuestro país, ese libro es La Estela del Petroleo. Escrito por Juan Carlos Díaz Lorenzo, publicado en el año 2006 y con D.L.:TF-1757-2006, en el se encuentra reflejada prácticamente toda la flota petrolera española. El TIFLIS también, con sus posteriores nombres de CAMPESTRE y MONTELEON. Veamos estas citas: …”En el transcurso de 1941 CAMPSA vivió varios acontecimientos destacados. En enero entro en servicio el segundo CAMPILO; en abril adquirió el petrolero panameño SANTA HELENA, que se abandero con el nombre de CAMPECHANO. En mayo comenzaron en los astilleros de Valencia las obras de acondicionamiento del petrolero TIFLIS para que pudiera realizar viajes de altura”…

En efecto, en ese año, por fin, el TIFLIS paso a propiedad de CAMPSA y se rebautizo como CAMPESTRE, operando en esta Compañía hasta 1958, en que, como el mismo libro indica: …“en agosto se compro el petrolero MONTELEON, procedente de la flota de CAMPSA, una reliquia que entonces contaba con 58 años de vida marinera”…

En su reparación, y según el libro Union Naval de Levante. 1924-1949, leemos: …”La necesidad de petroleros forzo a la CAMPSA a ordenar la habilitación de su viejo vapor TIFLIS (hoy CAMPESTRE), para cubrir la linea directa con las factorias de Norteamérica y Venezuela. Hubo que vencer grandes dificultades y realizar trabajos de consideración; se sustituyo el carbón por fuel oil y con una nueva helice se consiguieron velocidades desconocidas por este buque”…

En origen, y como TIFLIS, sus características técnicas eran, según el Lloyd´s Register of Shipping del Año 1904-05, las siguientes: …”Vapor a helice con casco de acero; señal distintiva, MBTL; Spar Deck; 1 cubierta corrida; luz electrica; maquinaria a popa; transporte de petroleo a granel; eslora entre perpendiculares, 305 pies; manga, 40 pies; puntal en bodega, 25,3 pies; matricula de Amberes; maquina alternativa de triple expansión; diámetro de los cilindros, 24,39 y 64 pulgadas para una carrera de 42 pulgadas; 265 caballos nominales; maquina construida por Wlland Slpwy Co. Ltd. de Newcastle”…

Su fin le llega –de nuevo- con un incendio. Leamos desde La Estela del Petroleo: …”El 19 de marzo de 1966 se produjo el incendio del petrolero MONTELEON en el puerto de la Hondura. En el trágico accidente perdieron la vida siete hombres, lo que provoco una profunda consternación y ocasiono graves daños en la estructura del buque, razón por la cual, considerando su edad y el elevado coste de su reparación, se tomo la decisión de desguazarlo”…

Este desguace se efectuó en Aviles, ese mismo año, y de esta manera murió el protagonista de nuestra historia. Incendios, explosiones, reparaciones, transformaciones, dos guerras mundiales y una civil y, sobre todo, el paso de los años, acabaron con sus cansadas cuadernas al tiempo que el lo hacia con la vida de varios de sus tripulantes.

Su accidente en Tenerife fue trágico. Se perdieron siete vidas. El diario La Vanguardia, en tres entradas, resume la tragedia, y, lo que es mejor, cita los nombres de todas las personas implicadas. En la edición del domingo 20 marzo de 1966, página 11, cita: …”Tenerife: Incendio del petrolero MONTELEON. Resultaron un hombre muerto, seis heridos graves y cuatro leves.

Santa Cruz de Tenerife, 19. – Esta tarde se declaró un violento incendio en el petrolero español «MONTELEON», anclado en las instalaciones de la C.E.P.S.A., en Puerto Honduras, al sur de esta capital.

El buque, de matrícula de Cádiz, se encontraba cargando emulsión asfáltica cuando, a consecuencia de una explosión en las máquinas, se produjo el incendio.

El «MONTELEON» fue desalojado de su atraque en Puerto Honduras, a las seis y media de la tarde, y conducido por los remolcadores «C.E.P.S.A. I» y «C.E.P.S.A. II» fuera de las instalaciones da la refinería. Después de varias horas de esfuerzos, aún no ha sido extinguido el fuego a bordo, por lo que los citados remolcadores continúan arrojando agua y espuma sobre la calcinada estructura del buque, que se considera totalmente perdido. Desde los primeros momentos de ocurrido el siniestro se trasladó a las instalaciones de la refinería C.E.P.S.A. el gobernador civil de ‘la provincia, quien más tarde visitó a los heridos en la clínica donde están hospitalizados.

Las victimas.

Un tripúlante ingresó cadáver en el centro hospitalario. Se trata de Jesús López Iglesias, segundo oficial del barco, quien presentaba síntomas de haber muerto por un edema pulmonar agudo y no por quemaduras.

Otros diez hombres que resultaron heridos fueron internados en la clínica del doctor don Tomás Cerolo. Tres de ellos se hallan en estado de extrema gravedad, otros tres presentan quemaduras de un 60 aun 80 por ciento del cuerpo, de carácter muy grave, y otros cuatro fueron asistidos de quemaduras leves, siendo dado de alta uno de éstos, cuyo nombre se desconoce.

La lista de heridos facilitada en el Gobierno civil de la Provincia, sin que se especifique la importancia de sus lesiones, es la siguiente: Antonio Alberto Fraga Castro, Juan Fernández Álvarez, Ramón Marrero, Pedro Gurriana, José González Benítez, Manuel Herrero Benítez, Juan García Rodríguez, Víctor de la Sosa Hernández y Feliciano Almeida.

Por otra parte, no se sabe con exactitud el número de tripulantes que se encontraban a bordo de la embarcación en el momento de producirse el siniestro, por cuyo motivo se duda en cuanto si número de desaparecidos.

Un testigo presencial.

Un testigo presencial del hecho declaró que al producirse la explosión el buque se vio sacudido fuertemente y se levantó sobre la superficie del agua, propagándose el fuego rápidamente de proa a popa.

El también petrolero «CALVO SOTELO», que realizaba operaciones en los «Duques de Alba», tuvo que soltar amarras y alejarse de la zona de peligro.

El «MONTELEON» continúa ardiendo y los remolcadores prosiguen la labor de extinción en alta mar.

El más antiguo del mundo.

El buque desplaza algo más de 3.000 toneladas. Estaba considerado como el petrolero más antiguo del mundo. Fue construido en «TIFLIS» y bajo dicha bandera sufrió un incendio en el puerto de Alicante, en 1917. Más tarde fue adquirido por la CAMPSA, que lo bautizó con el nombre de «CAMPESTRE». Posteriormente pasó a la propiedad de la C. E. P. S. A., que le puso su nombre actual. El «MONTELEON» estaba propuesto para su desguace en fecha próxima.- Cifra”…

Esta información era ampliada en la edición del miércoles, 23 marzo 1966, página 8, en que se leía: …”Perecen dos tripulantes mas del MONTELEON El número de víctimas se eleva ya a cinco.

Santa Cruz de Tenerife, 24.- Han fallecido en esta capital otros dos tripulantes del petrolero «MONTELEON», incendiado en la tarde del sábado último en Puerto Honduras, con lo que el número de muertos se eleva ya a cinco.

Estas dos nuevas víctimas son Juan Fernández Álvarez, de 23 años, natural de Coruña, segundo cocinero del barco, y Antonio Fraga Castro, primer cocinero, quienes habían resultado con quemaduras de carácter gravísimo en todo el cuerpo.

Procedentes de la Península han llegado la esposa y el hermano político del segundo oficial del MONTELEON, muerto en los primeros momentos del siniestro, así como otros familiares de las victimas.

El estado de los restantes heridos continúa estacionario dentro de su gravedad. Cifra”…

Por ultimo, en la edición del jueves, 24 marzo 1966, página 12, se anotaba: …”Perecen dos hombres heridos en el incendio del “MONTELEON“

El numero de muertes asciende a siete.

Santa Cruz de Tenerife, 23.- Han fallecido esta madrugada otros dos de los heridos graves del accidente del petrolero «MONTELEON». Con ellos se eleva ya a siete el número de victimas.

Los fallecidos son: Manuel Herrero Rodríguez, de 43 años de edad, casado y natural de esta capital; el otro es Ramón Marrero Díaz, de 32 años, casado y de Tenerife también. El primero, como empleado de la Refinería de la C.E.P.S.A., trabajaba en las operaciones de ayuda y, salvamento cuando ocurrió la explosión, y el otro, ayudante de camarero, se encontraba a bordo cuando se inició el siniestro.- Cifra”…

EL INCENDIO DEL TIFLIS 

27 diciembre, 2009 Marina MercanteCampsa, Cepsa, Echevarrieta y Larrinaga, Petroleros, Vapores

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Ni en las mejores mascletás.

Primer día de la visita de Isabel II a Alicante con motivo de la llegada del tren a la ciudad. Benjamín Llorens nos presenta una crónica detallista de los eventos, actos y preparativos que tuvieron lugar entonces, en el Alicante de mediados del s. XIX. 

Tras inaugurar oficialmente el camino de hierro Madrid-Alicante, dejamos a Isabel II a las puertas de la ciudad, frente a las murallas. Cumpliendo con el protocolo, las autoridades ofrecieron a la Reina las llaves e Isabel y su séquito se aprestaron a franquear la puerta de San Francisco (en la actual plaza de Calvo Sotelo).

Al atravesar las murallas, entrando por fin en Alicante, se organizó un jolgorio sonoro de padre y muy señor mío. A saber: repicaron las campanas de todas las iglesias, la docena de buques de la Armada fondeados en el puerto disparó salvas de artillería a las que se unieron más cañonazos desde el castillo de Santa Bárbara, el de San Fernando y el baluarte de San Carlos (actual plaza de Canalejas). Alicante era un trueno. Vamos, que ni en las mejores mascletás.

Puerta de San Francisco, grabado. AMA.

Por la calle San Francisco la comitiva real se dirigió hacia la plaza de la Constitución (hoy Portal de Elche) donde se había instalado otro grandioso arco de triunfo (era costumbre que los monarcas tuvieran que pasar bajo ellos en todas sus visitas, que para eso eran “arcos de realeza”). Estaba compuesto por un arco central -de mayor tamaño- y dos laterales vestidos con mucho oropel, cortinajes, cintas y la parafernalia habitual. De la parte central colgaba una gigantesca corona rodeada de flores. Todos los edificios del recorrido estaban engalanados con cargo a las arcas municipales.

A través del arco la comitiva accedía al centro de la ciudad para dirigirse a la Colegiata de San Nicolás. En la puerta de la calle Labradores esperaba todo el cabildo y allí se detuvo la carroza real. Descendió Isabel II seguida del rey consorte para arrodillarse sobre almohadones de terciopelo azul (“tan azul como el límpido cielo alicantino”, que narraban las crónicas de entonces) y besar la cruz que le mostró el abad. Acto seguido y bajo palio, los reyes se dirigieron al altar mayor para otro oficio religioso, tras el celebrado en la estación.

Nada más finalizar, salieron pitando en su carroza camino del Palacio Consistorial accediendo a la plaza del Mar (hoy del Ayuntamiento) bajo un nuevo arco.

Grabado conmemorativo. Al fondo izq. torre del Ayuntamiento de Alicante.

Eran las 8 de la tarde cuando el concejo municipal, prietas las filas al pie de la escalera principal del Ayuntamiento, ofreció éste a la Reina para alojarse con su familia durante los 3 dias de su estancia alicantina. La servidumbre real y el séquito (políticos, aristócratas, empresarios) se hospedaban -algunos- en las casas de la nobleza y burguesía locales. El propio Juan Vila y Blanco, cronista oficial de la visita, albergó en su casa al escritor Pedro Antonio de Alarcón y al intendente de la Casa Real, Antonio Flores. Otros lo hacían en hoteles y fondas, como el Hotel du Vapeur (más tarde Hotel Palas), el Cruz de Malta y las fondas Italiana, Barcelonesa y de Bossío (junto al Teatro Principal)

Llegados al Ayuntamiento los reyes hicieron un receso en sus aposentos. Esa noche ya no saldrían del palacio pero su “jornada laboral” aún no había terminado, les esperaba una cena con más de 50 invitados.

En el convite, flanqueando a la Reina, el presidente del gobierno de su majestad Francisco Javier Isturiz y el embajador de Francia.

En la calle varias orquestas le metían decibelios a la fiesta. La ciudad estaba espectacular, engalanada y con una iluminación extra a base de fanales y farolillos. Veinticuatro bandas de música recorrian el casco urbano (básicamente lo que hoy llamamos el “centro histórico”). Avanzaba la noche pero nadie dormía. Las calles estaban repletas de gente de todas las edades, muchos venidos de fuera, desde la misma provincia y otras limítrofes. Alicante estaba a reventar.

Grabado de Rouargue coloreado a mano.

Casi a medianoche, los reyes salen al balcón principal. Saludos, vítores y fuegos artificiales desde el Malecón (actual Explanada). Después “vamos a la cama que hay que descansar”. Poco a poco callan las músicas y se apagan los farolillos. El silencio de la plaza se rompe a intervalos con los taconazos de los soldados que montan la guardia. De fondo, el permanente susurro del Mediterráneo.

En sus aposentos la Reina no duerme. Recorre las estancias que el concejo municipal le ha preparado. Todo remozado, con muebles nuevos traidos de Francia e Italia. En un inmenso salón se alza el trono, sobre tarima alfombrada, bajo un dosel espectacular. Al lado una puerta da acceso al despacho de la Reina. Otro lugar del salón alberga una capilla en la que se puede celebrar misa gracias a una bula pontificia de Pío VI.

A través de otra puerta Isabel II, en su recorrido nocturno, accede a la Cámara Real, toda de azul, paredes, sofás, butacas y sillones. Debía ser el color favorito de la Reina. Hoy es el conocido Salón Azul de estilo “isabelino” y aquel día estaba decorado con mamparas carmesí, arañas de cristal en el techo, candelabros suntuosos, cortinajes de damasco con blancos crespones formando pabellón, cintas azules, franjas de plata, oro y púrpura. No se reparó en gastos y se dilapidó un auténtico “pastón”. Tanto que entre los fastos de la visita, los arreglos en infraestructuras y la decoración y muebles nuevos, quedaron las arcas municipales tan vacías que el Ayuntamiento se declaró en quiebra. Se gastó lo que no se tenía.

Pasó la primera noche de la Reina en Alicante. Al día siguiente, 26 de mayo, lucía el sol y tras la oración en la capilla y el desayuno servido en la propia Cámara Real desde las cocinas habilitadas en el piso superior, los monarcas se dirigieron al convento de las Capuchinas (actual Banco de España, en la Rambla). Era un monasterio de clausura pero ese día hizo una excepción y se abrió para la visita real. Cinco días más tarde la abadesa, sor Juana Micó, recibió una donación de 2 mil reales de parte de la Reina. Esa mañana la echó Isabel en cuestiones celestiales pues desde las Capuchinas tomó camino hacia el convento de las Agustinas, a espaldas del Ayuntamiento, que también recibió los correspondientes 2 mil reales. Al regresar al palacio municipal (durante esos días cerrado al público) eran ya las 3 de la tarde y tocaba besamanos.

Alcaldes y autoridades de toda la provincia esperan su segundo de gloria para efectuar la reglamentaria reverencia. En la plaza forma la guardia con uniforme de gala junto a varias bandas militares de música. El acto se celebra en el gran salón del trono. Para acceder a él se debe pasar primero por una antecámara donde una orquesta intenta dar realce al besamanos. Isabel II, aposentada en su trono, es objeto de todas las miradas. Junto a ella el bebé Alfonso, principe de Asturias, en brazos de una nodriza que hoy saldría en todas las fotos.

El futuro Alfonso XII.

Al otro lado, el rey consorte y la Chata (infanta Isabel). Pelín más allá, los ministros del gobierno de su majestad y, a espaldas del trono, los jefes de Palacio. Esta era la cabecera del acto. Fue un incesante desfile para rendir pleitesía a la real moza Isabel II.

Concluido el besamanos y al son de la marcha real salen al balcón para saludar al gentío. La Reina debió gustarse y pasó un buen rato saludando a diestro y siniestro. Tanto se gustó que cogió en brazos al príncipe y lo presentó al pueblo desde la balconada. Griterío ensordecedor ¡vivas, bravos y hurras!

Tras el frenesí, de cabeza al carruaje descubierto que llevaría a los reyes camino del monasterio de la Santa Faz. Eran las 6 de la tarde cuando salieron por la Puerta Ferrisa (hoy podemos ver sus vestigios en el entronque de la calle Mayor con Villavieja, frente a la esquina de la calle Maldonado, a través de una cristalera). Pasó la comitiva frente a la Casa de la Asegurada y la iglesia de Santa María. Un poco más arriba, por la Puerta Nueva, llegaron al Raval Roig divisando ya desde allí la renombrada huerta alicantina de la Condomina. El gentío dejaba pequeñas las calles y caminos. A las puertas del monasterio fueron recibidos por representantes municipales y eclesiásticos. Las monjas cantaron un Te Deum y la Reina oró al pie del altar. A continuación, se abrió el camarín de la reliquia para que fuera contemplada por la familia real.

Una llave se guardaba en el convento al cargo de la abadesa sor Josefa Iborra, la otra la llevaba el concejal Francisco Navarro y estaba custodiada en el Ayuntamiento, guardada en el Arca de Tres Llaves. Unos días más tarde también el monasterio de la Santa Faz recibió la correspondiente donación del trono, otros 2 mil reales.

Finalizada su estancia en el caserío, los monarcas giraron visita a dos casas de campo próximas, la del conde de Pinohermoso primero y la de la duquesa de Uceda después. Ya entrada la noche, de regreso a Alicante, los caminos se llenaban de gente portando antorchas y saludando a la comitiva. Una jornada agotadora hacía necesario reponer fuerzas, así que al llegar al Ayuntamiento otro medio centenar de invitados esperaba para cenar con los reyes en los fastuosos salones preparados al efecto. Fuera, desde la vecina calle Jorge Juan, se organiza un desfile con antorchas y bandas de música para recorrer la ciudad.

Finalizada la cena, los reyes marcharon al Teatro Principal, engalanado para la ocasión a base de lámparas de cristal, cortinajes, alfombras, candelabros de plata y más de 300 luces…total unos 2.200 reales de vellón.

El espectáculo comenzó con lectura de poemas alusivos a la visita, las grandezas de España y su Reina, las maravillas de Alicante…en fin, todo muy florido. Pero la representación estelar era la zarzuela “Percances Teatrales”, algo así como las actuales tomas falsas.

Mientras tanto, el Malecón del puerto estaba a rebosar, no cabía un alfiler, el espectáculo valía la pena. Una renombrada pirotecnia de Orihuela disparaba un castillo de fuegos artificiales en honor a la Reina para deleite del personal.

Sobre las 2 de la madrugada, terminados ya los fuegos, finalizó el espectáculo teatral. A la salida, una comitiva de antorchas formada por jóvenes de familias pudientes escoltó a los reyes hasta su alojamiento municipal. Hubo saludos desde el balcón principal mientras en la plaza la música tocaba la marcha real. Al escucharse sus últimas notas, el reloj de la torre marcaba las 3 de la madrugada. Así que bona nit y otra vez vamos a la cama que hay que descansar.

En el próximo Contrastes nos situaremos en el 27 de mayo de 1858, tercer día triunfal.

© Web del Autor →

Imágenes y fuentes:

Biblioteca Digital Hispánica ; Archivo Fotográfico MZA ; Visita de Isabel II a
Alicante, Juan Vila y Blanco ; Archivo Municipal de Alicante ; Cristina
Wircky ; Biblioteca Nacional de España ; Ayuntamiento de Alicante ; B & W
Fireworks.

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La Voladura Del Castillo De Santa Bárbara.

Vista de Alicante y Castillo de Santa Bárbara. Grabado s. XVIII

Tal día como el de hoy, 1 de marzo (o 29 de Febrero en el caso de años bisiestos),


se cumple el aniversario de uno de los hitos más importantes de la ciudad de Alicante, un hecho del pasado que nos habla de gallardía y heroicidad pero también de la falta de escrúpulos que mueve a algunos gobernantes con tal de alcanzar el poder y la gloria. Una metáfora de tiempos pasados que bien podría tener su reflejo en los tiempos actuales de la que nos queda en la memoria una lección que no deberíamos olvidar nunca y una cicatriz en el rostro y el alma de nuestra ciudad.

Nos remontamos a comienzos del siglo  XVIII. Ha fallecido Carlos II y se desencadena la guerra de Sucesión (1706-1709) entre Felipe V (respaldado por Francia) y el Archiduque de Austria (con  apoyo de Inglaterra). Nuestra plaza y castillo, partidaria de Felipe V, estaba mandada por el mariscal francés Conde Mahoní.

El 15 de Junio de 1706, ancló en nuestras aguas la escuadra inglesa compuesta por 70 bajeles de guerra, 30 transportes y 9 pontones, para parlamentar con Mahoní y convencerlo para que entregara la plaza, sin resultado, por lo que a principios de agosto, Alicante fue tomada al asalto

“Dispararon nuestros baluartes y, al mismo tiempo, los bajeles hicieron fuego con  su artillería, con bombas y granadas reales. Duró el fuego de los ingleses desde el mar y tierra, ocho días y noches, disparándose 135 balas, y cuatro mil bombas y granadas. Todas las noches había asaltos aprovechando las brechas que en el Muro del Mar hacían las baterías de los Bajeles, acudiendo la población civil y algunos soldados veteranos, con gran valor a cerrar las brechas” (Maltés y López)

A las 08.00  horas del 8 de agosto, entraron los ingleses por una brecha de la Plaza del Mar. Ni la pericia del mando francés, ni el valor de las tropas, ni el patriotismo del vecindario, pudieron soportar la dureza de los asaltos de que fue objeto la ciudad. El Mariscal Mahoní antes de rendirse se retiró al castillo con las  tropas que quedaban.

Dueños de la situación, las tropas del Archiduque de Austria, sin nadie que controlase la barbarie de la soldadesca, se dedicaron al saqueo durante un  mes, sirviendo los muebles, las puertas y ventanas de las casas para hacer fuego; menos algunas casas en que habitaban los oficiales de los invasores y algunos del partido imperial, todas estaban maltratadas.

Los retirados a la fortaleza pasaron revista a sus tropas, contando con 2.000  hombres, aproximadamente, con un variado muestrario internacional compuesto por  franceses, italianos e irlandeses,  además de 700 españoles de la Ciudad y de la Hoya de Castalla, lo que conformaba un grupo heterogéneo muy poco propicio para la unidad de sentimientos y conductas que exigía el caso. Por este motivo, y teniendo en cuenta los pertrechos y víveres con que se contaba, se acordó aligerar la guarnición del castillo.

Tras un mes de resistir en el castillo, se acumulaban las múltiples dificultades creadas por los sitiadores: inteligencias secretas, facilidades a los desertores y otros muchos problemas gravísimos en aquellos momentos, para forzar su rendición. Mahoní, no tiene más remedio que rendirse mediante una honrosa capitulación.

Sus fuerzas salieron del castillo con todos los honores el 6 de septiembre de 1706, despidiéndose de Alicante sin dar por perdida definitivamente una plaza tan importante mientras murmuraban entre dientes un sentido ¡hasta luego!.

Las tropas del Archiduque, al mando del Conde de Peterboow durante algo más de dos años, se dedicaron a restaurar y mejorar las defensas del castillo y de la población.

Pasado este tiempo, el 28 de Noviembre de 1708, llegaron de nuevo a las puertas de Alicante las tropas francesas de Felipe V con el objetivo de recuperar la ciudad. El Gobernador de la plaza, estimando no poder defenderla con éxito, ofreció entregarla “si le hacían ciertas concesiones”. Aceptó el sitiador su proposición, y el día siete salieron de Alicante tres regimientos ingleses con todos los honores de guerra, mientras Sir Richard Siburch se replegaba al castillo con el resto de la guarnición, resuelto a no entregarse bajo ningún concepto.

El caballero Asfeld, que mandaba las tropas francesas de apoyo a Felipe V, no contento con la recuperación de la ciudad, quería lograr también la del castillo, pero aquello no era empresa fácil dada la orografía del terreno y la ubicación estratégica en la que fue edificado el castillo y, a pesar de su arrojo, se vio detenido por espacio de varios meses al pie de tan inexpugnable fortaleza.

Los ingleses no les andaban a la zaga en tesón y así, Alicante se vió convertida en teatro de una lucha verdaderamente heroica. El caballero Asfeld, comprendiendo lo difícil era la empresa de ganar el fuerte, decidió poner en práctica un medio insólito que terminaría bien con la entrega del castillo, o bien con el sacrificio de toda su guarnición: abrir una enorme mina bajo las murallas y torreones situados al mediodía del Santa Bárbara, cargarla de pólvora y volarla si sus defensores no se entregaban.

La mina consistía en un túnel de unos 20 metros de profundidad excavado bajo la fachada este del castillo. Se internaba en el monte Benacantil, dividiéndose luego en diversas galerías. Una vez finalizada la obra el 14 de febrero de 1709, se rellenó con 1.500 quintales de pólvora – unas 10 toneladas -, masa inaudita en los anales bélicos.

El día 28 de febrero, Asfeld hizo saber a los defensores ingleses del castillo que, si en el plazo de 24 horas no lo evacuaban, los haría perecer entre sus escombros. Los ingenieros de la resistencia practicaron una contramina como medida desesperada que esperaban sirviera para reducir notablemente los efectos de la explosión. Sir Richard Siburch, se negó a entregarse y respondió que podían poner fuego a la mina cuando quisieran.

Boca de la contramina arriba mencionada.

A las cinco de la mañana del día 29 de febrero de 1709, el ayudante de la plaza, don Miguel Morelló, aplicó la mecha a la boca de la mina dando pie a la voladura parcial del castillo. Con la explosión, todas las fortificaciones del Mediodía se desplomaron con estruendo ocasionando la muerte de Sir Richard, jefe de las fuerzas que guarnecían el fuerte, y de 150 de sus heroicos defensores “sepultando“, según un cronista de la época, “entre sus escombros gran número de casas que formaban un barrio” (se entiende que el de Santa Cruz o el Raval Roig). Sobre la fortificación, las crónicas oficiales hablan sobre el derribo del baluarte y el 2º cuerpo de la fortaleza.

Contra todo pronóstico, los británicos supervivientes siguieron resistiendo con máximo heroísmo entre los escombros de la fortaleza hasta el 20 de abril de 1709, cuando los diezmados restos de aquellas heroicas fuerzas, apenas unos 600 hombres, abandonaron las ruinas del Santa Barbara y salieron de Alicante entre honores de guerra. ¡Bien se lo habían ganado!

Víctor M. Guerra López y Víctor M. Guerra Carratalá

Bibliografía:  Reseña Histórica de la Ciudad de Alicante – 1863 Nicasio Camilo Jover. Crónica de Alicante 1876 – Rafael Viravens y Pastor. El Castillo de Santa Bárbara de Alicante – 1959 – Francisco Figueras Pacheco


Publicado el 1 marzo, 2013 por Victurs                                      © Web del Autor →

ORIGEN DEL ARTICULO: https://lamillorterradelmon.com/2013/03/01/la-voladura-del-castillo-de-santa-barbara/

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24 de julio de 1600. Milagro de San Sebastián al Raval

Llegada de los molineros al Raval. Dibujo Marga Galiana.

En el verano de 1600 la peste, que procedía de Castilla y que había atacado una amplia zona situada entre Játiva y Alcoy,  rondaba Xixona. Las noticias que llegaban eran alarmantes.


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Violaciones, humillación y tortura: así trató el franquismo a las mujeres detenidas.

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Els Despoblats Moriscos de la Vall D’alcalá.

Vall d’Alcalà, terra ferma i bella on el passat s’entrellaça i arriba a nosaltres entre conreus abancalats i cases velles esperant que la història les retorne al seu lloc. Horts, pous, basses, sèquies, rierols, turons despujats d’arbredes pel temible foc i, rogles resistents de boscos de carrasca, plens de vida que s’encaren al benvolgut, Barranc de Malafí, ens esperen pel nostre especial gaudir.


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Reformatorios de mujeres fueron cárceles ocultas y legales en manos de religiosas.

Imágen de Peñagrande en 1959, publicada en la web de antiguas internas

“Los reformatorios de mujeres fueron cárceles ocultas y legales en manos de religiosas”

La escritora catalana Consuelo García del Cid publica ‘Las desterradas hijas de Eva’, una obra en la que la narra el cruel destierro que sufrieron muchas menores consideradas “caídas o en riesgo de caer” durante el franquismo y la transición.

(Imágen de Peñagrande en 1959, publicada en la web de antiguas internas)


 

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Esta mañana me van a fusilar.

Retrato de Carme Claramunt, la primera catalana que fue ajusticiada durante el franquismo

El historiador badalonés Emili Ferrando recupera el caso de Carme Claramunt, la primera catalana ejecutada por el franquismo tras la Guerra Civil

JORDI RIBALAYGUE

Badalona05/03/2016 20:01


 

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El desenlace del 1 de Abril del 1939.

(EN LA FOTO-EL PUERTO DE ALICANTE CON LAS TROPAS ITALIANAS EN FORMACION CON CAÑONES APUNTANDO A LA MULTITUD QUE SE ENCUENTRAN DETRÁS DE LOS COCHES ABANDONADOS, ARRIBA A LA DERECHA EL BARCO NACIONALISTA VULCANO BLOQUEANDO LA ENTRADA DEL PUERTO)

 1 DE ABRIL 1939


 

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