Ni en las mejores mascletás.

Primer día de la visita de Isabel II a Alicante con motivo de la llegada del tren a la ciudad. Benjamín Llorens nos presenta una crónica detallista de los eventos, actos y preparativos que tuvieron lugar entonces, en el Alicante de mediados del s. XIX. 

Tras inaugurar oficialmente el camino de hierro Madrid-Alicante, dejamos a Isabel II a las puertas de la ciudad, frente a las murallas. Cumpliendo con el protocolo, las autoridades ofrecieron a la Reina las llaves e Isabel y su séquito se aprestaron a franquear la puerta de San Francisco (en la actual plaza de Calvo Sotelo).

Al atravesar las murallas, entrando por fin en Alicante, se organizó un jolgorio sonoro de padre y muy señor mío. A saber: repicaron las campanas de todas las iglesias, la docena de buques de la Armada fondeados en el puerto disparó salvas de artillería a las que se unieron más cañonazos desde el castillo de Santa Bárbara, el de San Fernando y el baluarte de San Carlos (actual plaza de Canalejas). Alicante era un trueno. Vamos, que ni en las mejores mascletás.

Puerta de San Francisco, grabado. AMA.

Por la calle San Francisco la comitiva real se dirigió hacia la plaza de la Constitución (hoy Portal de Elche) donde se había instalado otro grandioso arco de triunfo (era costumbre que los monarcas tuvieran que pasar bajo ellos en todas sus visitas, que para eso eran “arcos de realeza”). Estaba compuesto por un arco central -de mayor tamaño- y dos laterales vestidos con mucho oropel, cortinajes, cintas y la parafernalia habitual. De la parte central colgaba una gigantesca corona rodeada de flores. Todos los edificios del recorrido estaban engalanados con cargo a las arcas municipales.

A través del arco la comitiva accedía al centro de la ciudad para dirigirse a la Colegiata de San Nicolás. En la puerta de la calle Labradores esperaba todo el cabildo y allí se detuvo la carroza real. Descendió Isabel II seguida del rey consorte para arrodillarse sobre almohadones de terciopelo azul (“tan azul como el límpido cielo alicantino”, que narraban las crónicas de entonces) y besar la cruz que le mostró el abad. Acto seguido y bajo palio, los reyes se dirigieron al altar mayor para otro oficio religioso, tras el celebrado en la estación.

Nada más finalizar, salieron pitando en su carroza camino del Palacio Consistorial accediendo a la plaza del Mar (hoy del Ayuntamiento) bajo un nuevo arco.

Grabado conmemorativo. Al fondo izq. torre del Ayuntamiento de Alicante.

Eran las 8 de la tarde cuando el concejo municipal, prietas las filas al pie de la escalera principal del Ayuntamiento, ofreció éste a la Reina para alojarse con su familia durante los 3 dias de su estancia alicantina. La servidumbre real y el séquito (políticos, aristócratas, empresarios) se hospedaban -algunos- en las casas de la nobleza y burguesía locales. El propio Juan Vila y Blanco, cronista oficial de la visita, albergó en su casa al escritor Pedro Antonio de Alarcón y al intendente de la Casa Real, Antonio Flores. Otros lo hacían en hoteles y fondas, como el Hotel du Vapeur (más tarde Hotel Palas), el Cruz de Malta y las fondas Italiana, Barcelonesa y de Bossío (junto al Teatro Principal)

Llegados al Ayuntamiento los reyes hicieron un receso en sus aposentos. Esa noche ya no saldrían del palacio pero su “jornada laboral” aún no había terminado, les esperaba una cena con más de 50 invitados.

En el convite, flanqueando a la Reina, el presidente del gobierno de su majestad Francisco Javier Isturiz y el embajador de Francia.

En la calle varias orquestas le metían decibelios a la fiesta. La ciudad estaba espectacular, engalanada y con una iluminación extra a base de fanales y farolillos. Veinticuatro bandas de música recorrian el casco urbano (básicamente lo que hoy llamamos el “centro histórico”). Avanzaba la noche pero nadie dormía. Las calles estaban repletas de gente de todas las edades, muchos venidos de fuera, desde la misma provincia y otras limítrofes. Alicante estaba a reventar.

Grabado de Rouargue coloreado a mano.

Casi a medianoche, los reyes salen al balcón principal. Saludos, vítores y fuegos artificiales desde el Malecón (actual Explanada). Después “vamos a la cama que hay que descansar”. Poco a poco callan las músicas y se apagan los farolillos. El silencio de la plaza se rompe a intervalos con los taconazos de los soldados que montan la guardia. De fondo, el permanente susurro del Mediterráneo.

En sus aposentos la Reina no duerme. Recorre las estancias que el concejo municipal le ha preparado. Todo remozado, con muebles nuevos traidos de Francia e Italia. En un inmenso salón se alza el trono, sobre tarima alfombrada, bajo un dosel espectacular. Al lado una puerta da acceso al despacho de la Reina. Otro lugar del salón alberga una capilla en la que se puede celebrar misa gracias a una bula pontificia de Pío VI.

A través de otra puerta Isabel II, en su recorrido nocturno, accede a la Cámara Real, toda de azul, paredes, sofás, butacas y sillones. Debía ser el color favorito de la Reina. Hoy es el conocido Salón Azul de estilo “isabelino” y aquel día estaba decorado con mamparas carmesí, arañas de cristal en el techo, candelabros suntuosos, cortinajes de damasco con blancos crespones formando pabellón, cintas azules, franjas de plata, oro y púrpura. No se reparó en gastos y se dilapidó un auténtico “pastón”. Tanto que entre los fastos de la visita, los arreglos en infraestructuras y la decoración y muebles nuevos, quedaron las arcas municipales tan vacías que el Ayuntamiento se declaró en quiebra. Se gastó lo que no se tenía.

Pasó la primera noche de la Reina en Alicante. Al día siguiente, 26 de mayo, lucía el sol y tras la oración en la capilla y el desayuno servido en la propia Cámara Real desde las cocinas habilitadas en el piso superior, los monarcas se dirigieron al convento de las Capuchinas (actual Banco de España, en la Rambla). Era un monasterio de clausura pero ese día hizo una excepción y se abrió para la visita real. Cinco días más tarde la abadesa, sor Juana Micó, recibió una donación de 2 mil reales de parte de la Reina. Esa mañana la echó Isabel en cuestiones celestiales pues desde las Capuchinas tomó camino hacia el convento de las Agustinas, a espaldas del Ayuntamiento, que también recibió los correspondientes 2 mil reales. Al regresar al palacio municipal (durante esos días cerrado al público) eran ya las 3 de la tarde y tocaba besamanos.

Alcaldes y autoridades de toda la provincia esperan su segundo de gloria para efectuar la reglamentaria reverencia. En la plaza forma la guardia con uniforme de gala junto a varias bandas militares de música. El acto se celebra en el gran salón del trono. Para acceder a él se debe pasar primero por una antecámara donde una orquesta intenta dar realce al besamanos. Isabel II, aposentada en su trono, es objeto de todas las miradas. Junto a ella el bebé Alfonso, principe de Asturias, en brazos de una nodriza que hoy saldría en todas las fotos.

El futuro Alfonso XII.

Al otro lado, el rey consorte y la Chata (infanta Isabel). Pelín más allá, los ministros del gobierno de su majestad y, a espaldas del trono, los jefes de Palacio. Esta era la cabecera del acto. Fue un incesante desfile para rendir pleitesía a la real moza Isabel II.

Concluido el besamanos y al son de la marcha real salen al balcón para saludar al gentío. La Reina debió gustarse y pasó un buen rato saludando a diestro y siniestro. Tanto se gustó que cogió en brazos al príncipe y lo presentó al pueblo desde la balconada. Griterío ensordecedor ¡vivas, bravos y hurras!

Tras el frenesí, de cabeza al carruaje descubierto que llevaría a los reyes camino del monasterio de la Santa Faz. Eran las 6 de la tarde cuando salieron por la Puerta Ferrisa (hoy podemos ver sus vestigios en el entronque de la calle Mayor con Villavieja, frente a la esquina de la calle Maldonado, a través de una cristalera). Pasó la comitiva frente a la Casa de la Asegurada y la iglesia de Santa María. Un poco más arriba, por la Puerta Nueva, llegaron al Raval Roig divisando ya desde allí la renombrada huerta alicantina de la Condomina. El gentío dejaba pequeñas las calles y caminos. A las puertas del monasterio fueron recibidos por representantes municipales y eclesiásticos. Las monjas cantaron un Te Deum y la Reina oró al pie del altar. A continuación, se abrió el camarín de la reliquia para que fuera contemplada por la familia real.

Una llave se guardaba en el convento al cargo de la abadesa sor Josefa Iborra, la otra la llevaba el concejal Francisco Navarro y estaba custodiada en el Ayuntamiento, guardada en el Arca de Tres Llaves. Unos días más tarde también el monasterio de la Santa Faz recibió la correspondiente donación del trono, otros 2 mil reales.

Finalizada su estancia en el caserío, los monarcas giraron visita a dos casas de campo próximas, la del conde de Pinohermoso primero y la de la duquesa de Uceda después. Ya entrada la noche, de regreso a Alicante, los caminos se llenaban de gente portando antorchas y saludando a la comitiva. Una jornada agotadora hacía necesario reponer fuerzas, así que al llegar al Ayuntamiento otro medio centenar de invitados esperaba para cenar con los reyes en los fastuosos salones preparados al efecto. Fuera, desde la vecina calle Jorge Juan, se organiza un desfile con antorchas y bandas de música para recorrer la ciudad.

Finalizada la cena, los reyes marcharon al Teatro Principal, engalanado para la ocasión a base de lámparas de cristal, cortinajes, alfombras, candelabros de plata y más de 300 luces…total unos 2.200 reales de vellón.

El espectáculo comenzó con lectura de poemas alusivos a la visita, las grandezas de España y su Reina, las maravillas de Alicante…en fin, todo muy florido. Pero la representación estelar era la zarzuela “Percances Teatrales”, algo así como las actuales tomas falsas.

Mientras tanto, el Malecón del puerto estaba a rebosar, no cabía un alfiler, el espectáculo valía la pena. Una renombrada pirotecnia de Orihuela disparaba un castillo de fuegos artificiales en honor a la Reina para deleite del personal.

Sobre las 2 de la madrugada, terminados ya los fuegos, finalizó el espectáculo teatral. A la salida, una comitiva de antorchas formada por jóvenes de familias pudientes escoltó a los reyes hasta su alojamiento municipal. Hubo saludos desde el balcón principal mientras en la plaza la música tocaba la marcha real. Al escucharse sus últimas notas, el reloj de la torre marcaba las 3 de la madrugada. Así que bona nit y otra vez vamos a la cama que hay que descansar.

En el próximo Contrastes nos situaremos en el 27 de mayo de 1858, tercer día triunfal.

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Imágenes y fuentes:

Biblioteca Digital Hispánica ; Archivo Fotográfico MZA ; Visita de Isabel II a
Alicante, Juan Vila y Blanco ; Archivo Municipal de Alicante ; Cristina
Wircky ; Biblioteca Nacional de España ; Ayuntamiento de Alicante ; B & W
Fireworks.

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Antiguo Hospital de la Caridad de Elche (siglo XV)

 

Hospital de la Caridad emplazado en el Carrer Major de la Vila (siglo XV) y en la Corredora (desaparecido, 1564-1841).

Como símbolo de modernidad y señal de que en la villa de Elche, el cambio ideológico y social que se extendía por toda Europa desde mediados del siglo XV comenzaba a dejar su huella, nos encontramos con la construcción de hospitales y asistencia a los enfermos de una forma en la que no sólo actúan las órdenes religiosas, sino que se involucra el Concejo en una época en la que la presencia de enfermos y mendigos por las calles comienza a verse como algo vergonzoso.

La idea había sido propuesta a mayor escala desde la política de los Reyes Católicos, que vieron en  la construcción de hospitales como el de Santiago de Compostela y el de la Santa Cruz de Toledo, un vehículo para la proyección de sus ideales de modernidad.

En la materialización de estos ideales políticos, entraba a su vez la puesta en práctica de los avances que se estaban llevando a cabo en la ciencia y la sanidad, desarrollándose una nueva tipología de edificio destinado a hospital.

Anteriormente, los hospitales se solían construir en el interior de los conventos, siguiendo la tipología de planta basilical similar a la de las iglesias con tres naves con un altar al fondo para que los enfermos pudiesen seguir la Eucaristía desde sus camas.

Los hospitales se ubicaban también en edificios preexistentes de forma irregular o en el ala de alguna de las crujías de los conventos, sin tenerse en cuenta las mínimas condiciones de ventilación y salubridad. A partir del siglo XV, se irá implantando paulatinamente la planta cruciforme, que ofrecía una mayor ventilación, con presencia de varios patios concebidos como la solución más adecuada para la nueva tipología de hospitalaria.

Encontramos hospitales que siguen esta distribución ya en el siglo XIV, como es el caso del hospital de Santa Maria Nuova de Florencia, fundado en 1286 y reestructurado con la nueva disposición de planta cruciforme en 1334. La definición de esta tipología vendría de la mano del arquitecto Antonio Averlino di Pietro (Florencia, 1440 ca.- Roma, 1469?), más conocido como Filarete, una de las típicas personalidades que encarnan el ideal de hombre del Renacimiento ya que además de arquitecto fue ingeniero, escultor y autor de tratados sobre teoría de la arquitectura.

El Ospedale Maggiore de Milán, construido entre 1456 y 1465, con su planta cruciforme, responde a la perfección a los nuevos planteamientos emanados de los avances en las medidas higiénicas, surgiendo un modelo tipológico que pone en práctica algunos de los planteamientos de los textos científicos de autores clásicos como Hipócrates que recomiendan una serie de medidas que coincidían con las preocupaciones sanitarias del hombre renacentista.

El modelo propuesto por Filarete de edificio articulado en torno a dos crujías que formaban una cruz griega a partir de la cual, se articulaban cuatro patios, podía agrandarse añadiendo crujías, o reducirse en menos número, como se hizo en el hospital de la Corredora de Elche en 1564.

El Hospital de la Caridad y Beneficencia de Elche, se ha situado a lo largo de los siglos en tres emplazamientos diferentes. El primer hospital del que tenemos referencia se encontraba entre la cárcel y la ermita de San Sebastián, quedando restos de su fachada en la actual Casa de la Festa. No obstante, tenemos constancia de la existencia de instituciones hospitalarias en Elche desde el siglo XIV. La primera referencia a un hospital en la villa medieval la encontramos en el Cabildo del 17 de abril de 1380, donde se menciona a un tal Antonio Esclapez que dejó  bajo testamento ciertos bienes para ayuda y sostenimiento de un hospital ya existente, ante la imposibilidad de poder financiar la construcción de uno nuevo.

Este dato nos indica que el hospital al que se hace referencia habría sido construido en una fecha bastante anterior a 1380 o bien, que dicho hospital se habría instalado tras la Reconquista en un edificio preexistente; se han encontrado numerosas muestras de instrumental quirúrgico en diferentes yacimientos arqueológicos de la provincia de época islámica con lo cual, es posible que de igual modo que tras la Reconquista se aprovechasen y reutilizasen edificaciones preexistentes como viviendas, baños e incluso mezquitas reconvertidas a templo cristiano, se podría haber utilizado un edificio de la Elche islámica para destinarlo a hospital.

El cabildo del 26 de abril de 1489, indica que se estaba construyendo la ermita de San Sebastián en el Carrer Major, junto al hospital, conformando estos edificios una disposición urbanística que se conserva en la actualidad. Se ha conservado la fachada de este hospital aunque con notables alteraciones. Responde a la tendencia purista del renacimiento español definida por una gran sobriedad decorativa, fórmula que encontrará su máxima expresión un siglo más tarde en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, donde el purismo decorativo de Juan de Herrera ejercería una notable influencia en la arquitectura barroca del XVII.

La disposición de los vanos adintelados destaca sobre el paramento liso del muro construido con pequeños sillares de piedra caliza. El cuerpo inferior se resuelve a base de vanos rectangulares enmarcados por sillares. El vano de la entrada se encuentra enmarcado por un arco ciego de medio punto con dovelas que hacen destacar la clave central.

Del cuerpo superior destaca la decoración del que fue el balcón central ya que actualmente, las fuertes reformas a las que se ha sometido al edificio que se muestra hoy muy seccionado, han hecho que se haya perdido por completo el eje simétrico. Este balcón se encuentra enmarcado por molduras, guardapolvos y columnas adosadas de fuste ligeramente estriado sobre ménsulas de hojas de acanto. Los capitales sustentan un friso de sabor clasicista con una decoración en relieve resuelta con eslabones de cadena y un putti con flechas y carcaj en el centro, motivo muy difundido en el arte renacentista aunque aquí no muestra mucho decoro en cuanto a simetría y proporción.

El hospital funcionó en su emplazamiento del Carrer Major hasta 1564, fecha en que por los evidentes motivos de salubridad (se empieza a tomar conciencia del riesgo que supone tener un hospital enclavado en el corazón de la villa), fue trasladado a la Corredora, acordándose la venta del antiguo edificio, propiedad del Concejo. El Hospital de la Corredora se construyó a partir de la donación que hiciera en 1514 Pedro Ferrández de Mesa, quien deja en su testamento 15.000 sueldos para la construcción de un nuevo hospital.

A esta suma, hay que añadir la recaudada por la venta del antiguo edifico. Se situó en una zona extramuros en el área de la parroquia de El Salvador. Según Pedro Ibarra, el hospital se articulaba a base de cuatro crujías dispuestas en torno a un patio central, simplificando la disposición del modelo de Filarete del Hospital Mayor de Milán. La fundación de hospitales se convirtió a lo largo del siglo XVI en un fenómeno generalizado en el que participaban conjuntamente Iglesia y Concejo y al que se acompañaba la fundación de cofradías para asistir a los enfermos o enterrar a los muertos. Estas cofradías solían fundarse bajo la advocación de la Virgen o de San Juan de Letrán, especialmente a partir de 1534.

La iglesia gótica del convento de la Merced, disponía también de una capilla dedicada a San Juan de Letrán, aunque la orden mercedaria no se dedicaba a la asistencia de enfermos. Junto al hospital de la Corredora se encontraba la ermita de la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, que albergaba cinco imágenes de gran devoción: Nuestro Señor atado a la columna, un Ecce Homo, un Cristo con la Cruz a cuestas, un Crucificado y la imagen de Nuestra Señora de la Soledad.

Estas imágenes participaban en la procesión del Viernes Santo. Atendiendo al número de esculturas y la importancia que se le da a dicha imaginería por su participación en la procesión del Viernes Santo, es de suponer que esta ermita tendría unas dimensiones mayores a otras existentes en la villa con una disposición de nave única con cuatro capillas entre contrafuertes donde se dispondrían las imágenes, estando probablemente ubicada la imagen de Cristo Crucificado en la capilla mayor.

En 1841, el hospital de la Corredora fue trasladado al desamortizado convento de San José sin que haya quedado ningún resto de este edificio a excepción de la tan venerada imagen del Cristo de Zalamea, ubicado actualmente en la capilla anexa a la iglesia de San José y que estuvo en un nicho de la fachada del Hospital de la Corredora. La campana de la espadaña de la iglesia de San José, perteneció también a la ermita que había adosada al hospital de la Corredora.

Fuentes: Nieto, Víctor / Morales, Alfredo J. / Checa, Fernando. Arquitectura del renacimiento en España, 1488-1599. Cátedra, Madrid 2001. // Grupo Ilicitano de Estudios Arqueológicos en Poblad. Elche 10, 1988. // Ibarra y Ruiz, Pedro. Historia de Elche. Elche 1982. // Gutiérrez-Cortines Corral, Cristina. Renacimiento y Arquitectura Religiosa en la antigua Diócesis de Cartagena. (Reyno de Murcia, Gobernación de Origuela y Sierra del Segura). Murcia 1987. // Perpiñán, Salvador. Antigüedades y Glorias de la Villa de Elche. Edición de de Vicent J. Escartí y Gabriel Sansano. Ajuntament d’Elx, Elche 1995.


REDACTADO POR: Jue, 21/03/2013 – 10:45 — Rafael McEvoy                   © Web del Autor →

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La Ruta Mágica de Bocairent y Les Covetes dels Moros.

Hoy os proponemos una nueva aventura, visitar el pueblo de Bocairent y hacer la Ruta Mágica que recorre su casco antiguo. En esta ruta descubrirás lugares tan curiosos como Les Covetes dels Moros, la Ermita de Santo Cristo o La Cueva Nevera de San Blas.


El casco antiguo de Bocairent

El casco antiguo de Bocairent tiene un aspecto muy peculiar pues está formado por antiguas casas apiñadas que cuelgan sobre un barranco. La visita a este pueblo medieval, declarado Conjunto Histórico-Artístico nacional en el año 1975, nos permite descubrir rincones de gran belleza.

Pueblo de Bocairent, Valencia

La Ruta Mágica

En Bocairent existe una ruta señalizada llamada “La Ruta Mágica”, que nos conduce por los lugares más pintorescos de su barrio Medieval. La Ruta Mágica empieza en la plaza del Ayuntamiento, donde podemos ver grandes casas de los siglos XVII y XVIII. La ruta recorre el casco antiguo del pueblo y cuenta con preciosas calles estrechas y escalonadas formadas por duras rocas, escaleras empinadas, subidas y bajadas de escándalo, antiguas ermitas, viviendas excavadas en roca, cuevas escondidas, puentes y multitud de lugares curiosos por descubrir.

Casco antiguo de Bocairent

Ruta Mágica señalizada

Cuevas en Bocairent

Viviendas excavadas

Camino pedregoso con escaleras

Paredes con enredaderas, casco antiguo de Bocairent. ¿Cuántos gatos ves?

Calles del casco antiguo de Bocairent

Monumento Nacional, Les Covetes dels Moros

El conjunto monumental de “Les Covetes dels Moros” (declarado Monumento Nacional en el año 1932) es un grupo de cuevas excavadas en la roca de la montaña. Estas cuevas artificiales están construidas a lo largo de una pared rocosa formada por más de 50 pequeñas ventanas que dan acceso a una serie de habitaciones comunicadas entre sí.

Covetes dels Moros en Bocairent

Sobre su origen y usos hay varias teorías: cámaras sepulcrales, graneros, despensas, refugios durante la guerra… y difíciles de datar; posiblemente se trataba de graneros-almacenes de seguridad, de la época hispanomusulmana hispanoárabe.

Interior de les Covetes dels Moros

El recorrido interior está lleno de pasadizos, agujeros y recovecos por los que debemos escurrirnos o trepar para pasar de una cueva a otra.

Trepando por les Covetes dels Moros

Tras las diminutas ventanas de les Covetes dels Moros se pueden obtener bonitas vistas. Como por ejemplo, la ermita de Santo Cristo que se encuentra en el monte que hay frente a las cuevas.

Ermita de Santo Cristo a través de una ventana

Se trata de un verdadero laberinto rocoso construido en plena montaña . Toda una experiencia muy divertida que merece la pena vivir en tu propia piel. Te recomendamos que si vas a visitar “Les Covetes” vayas provisto de ropa cómoda que te permita moverte con facilidad. Dentro de las cuevas no puedes llevar mochilas ni objetos que te dificulten el tránsito, pues hay partes en las que debes trepar o escurrirte por tramos muy estrechos. Antes de tu viaje a Bocairent consulta los horarios de visita.

La Cueva de San Blas o Cava de Sant Blai

Esta cueva es de especial interés ya que antiguamente se utilizaba como depósito de nieve y abastecía de hielo a las comarcas limítrofes. El uso del hielo era más terapéutico o comercial que para la conservación de alimentos. Se utilizaba especialmente para enfriar líquidos, en medicina para bajar fiebres y cortar hemorragias, también para el transporte de alimentos en distancias importantes.

La Cava de Sant Blai está compuesta por una galería subterránea excavada en la roca que da acceso a un recinto circular donde se almacenaba el hielo. En el arranque de la cúpula hay una abertura de acceso interior, por donde se debía introducir la nieve.

Cúpula de la Cava de Sant Blai

El suelo del recinto está surcado por pequeñas acequias que convergen en el punto central del suelo y desde el que desaguan hacia la acequia que recorre toda la galería hasta el exterior.

Suelo de la Cava de Sant Blai

Ermita de Santo Cristo

La ermita de Santo Cristo fue construida en la cima de la montaña en el siglo XVI. Consta de tres edificios: el hostal que fue el antiguo convento, la casa del capellán al centro y la iglesia de estilo gótico con el campanario adosado. El camino zigzagueante, llamado camino del Calvario, dispone de casetas o paradas que representan las estaciones del Vía Crucis.

Ermita de Santo Cristo

Esperamos que te animes a conocer todos estos lugares con encanto y que nos dejes tus comentarios. Comparte con todo aquel al que creas que pueda gustarle este post. 

Lugares para disfrutar                                                                                          © Web del Autor →

La Ruta Mágica de Bocairent y Les Covetes dels Moros

7 noviembre, 2016 Andrea Lluch – 0 Comentarios Rutas, Valencia

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Fabrica de El Neblí.

El origen de esta marca está en Tavernes Blanques (Valencia), allí se fabricaba “la Huertana” al menos desde 1950. Esta empresa fue comprada por el Águila y en 1958 inició la construcción de la fábrica alicantina, que entró en funcionamiento en 1961 en el barrio la Florida. La marca “Huertana” fue sustituida por “el Neblí “en 1961 . La marca se mantuvo en producción entre 1961-1968 y desde ese año hasta 1986 la factoría se convirtió en la factoría núm. 9 del Águila. Creo que la marca “el Neblí” continuó fabricándose después de la plena integración de la factoría dentro de la estructura del Águila.

Por cierto, el Neblí es una variedad del norte de Europa de halcón peregrino.Y el nombre procede de un texto del Canciller López de Ayada escrito en su Libro de Cetrería hacia el año 1386. Dice literalmente:

“E estando yo en Alicante, que es en Aragon, ribera dela mar, llego ay una nao que venia de la Berveria y traya muchos de los alfaneques, e conpre dellos, e el señyor e maestro dela nao diome uno que dizia el que era entreçele, e en verdat el talle e manos e rostro era de tagarote, mas las plumas e su color era de alfaneque; e tovelo gran tiempo, e yo non cure de fazer del al salvo perdiguero, e aquello que fazia el muy bien, e era muy ligero (VII, p. 79).

E yo vi en casa del Rey don Pedro un alfaneque torçuelo muy pequeñyo que llamavan Picafigo, e fuera [de don Enrrique Enrriquez], e matava bien asy un par de anades sin compañia, como un nebly, e matava cuerva prieta (VII, p. 80).” 

El botellín del “Neblí” que presentamos es de tercio, con la leyenda “Fábrica de Cervezas, El Neblí Alicante” y en el reverso “Especial”.

Esta foto es del foro Alicante Vivo, uno de los últimos carteles de la marca.

Publicado por Javier en 16:43   sábado, 26 de febrero de 2011                         © Web del Autor →

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EL DÍA QUE TOCARON LAS NARICES A FIGUERAS PACHECO… CON EL TURRÓN

 “Por aquellos tiempos, el Rey contrajo matrimonio con una princesa escandinava, por lo cual ésta tuvo que venir a estas tierras dejando atrás su frío país de origen. La princesa se sintió muy triste al no poder disfrutar de los bellos paisajes de su país llenos de nieves perpétuas. El rey, desesperado por ver a la nueva reina decaída, para evitar su tristeza, tuvo la idea de plantar por todos sus territorios, alrededor del castillo, miles de almendros. De este modo, cuando los almendros florecieron, sembraron el paisaje de tonalidades blancas, de tal modo que todo parecía nevado, y la princesa volvió a recuperar su felicidad. Los habitantes de Jijona, a partir de ese momento, aprendieron a recoger los frutos de los almendros y a tratarlos, elaborando así las primeras muestras de turrón y derivados”

(Leyenda extraída de la web Turrones y Dulces)

La historia del turrón, aunque clara y conocida por todos los alicantinos, no está exenta de leyendas negras o falsedades.

Una de ellas, la que sitúa su origen en Barcelona ,durante la Peste Negra, tocó (y mucho) las narices al bueno de D. Francisco Figueras Pacheco.

Y mira que tenía que ser dificil enfadar a este ilustre Cronista.

Os lo contamos, tal y como lo relató Emilio Soler en su sección Pretérito Imperfecto, del Diario Información de Alicante, el 6 de abril de 2003.

Antes de nada, debemos fijarnos de nuevo en la figura de Francisco Figueras Pacheco, Cronista Oficial de Alicante desde 1908 hasta 1960, fecha de su fallecimiento en su vivienda del barrio de Benalúa. Su repentina ceguera a una edad muy temprana no le impidió ser uno de los precursores de la arqueología alicantina y autor de múltiples obras históricas. Entre ellas, una titulada “La sabrosa historia del Turrón primacía de los de Jijona y Alicante”.

Pacheco comenzó su relato con mucho humor, citando a uno de los personajes más famosos de la literatura de Gabriel Miró: Sigüenza. Recordó cuando entró el propio Sigüenza (Miró) en una pastelería de Barcelona, y vio “los muros de turrón, ya en cajas, ya en su dorada desnudez con sus lunares de canela”. Una conversación con el dueño de la pastelería llevó a nuestro personaje a conocer que el origen del turrón se remontaba, según los barceloneses, al año 1703, cuando hubo una terrible epidemia de peste negra en la Ciudad Condal , que fue una ruina para el gremio.

Los dulceros catalanes decidieron entonces abrir un concurso de pasteles “ofreciéndose recompensa a los de gusto más regalado que puedan resistir un mes sin malearse y que tengan la semejanza de piedra”; y claro, como eran catalanes, también dijeron en las bases “que vendido al precio de todos los pasteles, dejen un beneficio del cincuenta por ciento”.

Poderoso Caballero Don Dinero.

Sigüenza escuchó incrédulo el final de la historia: “participaron trece gremios; y triunfó Pablo Turrons. El pastel tiene una cabal semejanza con un pedazo de piedra de granito, está hecho de miel, de avellanas y de piñones…”

En ese punto retomó Figueras Pacheco la historia, proponiéndose demostrar que la cuna del turrón era Xixona y Alicante, y no Barcelona.

Vamos…., en otras palabras, que la explicación del pastelero barcelonés le toca las narices

“Su prestigio no data de cuatro días, sino que es ya varias veces centenario. La fama de nuestro sabroso compañero del pavo, peina canas tan abundantes y tan blancas,como la nieve de Mariola y de la Carrasqueta, en cuyo torno se elabora por miles de quintales, nuestro dulce más típico de Navidad”.

Figueras Pacheco recordaba la composición de los antiguos turrones, citando la obra del Déan Bendicho “Crónica de la Muy Ilustre, Noble y Leal Ciudad de Alicante”, escrita en el siglo XVII y que permaneció inédita hasta 1960: “el turrón que comúnmente dicen de Alicante, fabrícase sólo de miel y almendras, parecen sus trozos jaspes blancos”.

El propio Figueras remachó su aseveración: “hubo un tiempo que llamaríamos la edad de oro de los turrones, en que estos no estuvieron compuestos más que de almendras y miel. Cuando las primeras entraban machacadas en la pasta, el turron se llamaba de Jijona; y cuando sólo se reducían a trozos, se le llamaba de Alicante. El primero blando; el segundo duro. Se les sigue llamando así a los típicos de una u otra clase”. 

No contento, Figueras Pacheco hizo un repaso a todos los documentos que encontró en el Archivo Municipal de Alicante y que nos hablaban maravillas de la industria turronera alicantina en el siglo XVII, incluido un pleito contra el Colegio de la Cera de Valencia, que pretendía incorporar a los confiteros alicantinos a su organización y someterlos a sus estatutos.

Pero había más.

Mostrándonos sus conocimientos, don Francisco rescató una obra teatral de Lope de Rueda (1505-1565), “Los lacayos ladrones”, en la que el protagonista se pasaba el día repartiendo golpes entre sus criados porque “se le habían comido el turrón de Alicante que tenía guardado en su escritorio”.

Así pues, que no nos toquen nuestro producto más característico.

Parece más que evidente que durante el reinado de Carlos V el turrón ya era famoso por estos lares.

Así fue.

Y así erá siempre

(CC) Asociación Cultural Alicante Vivo | www.alicantevivo.org

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El lenguaje popular de la Vega Baja (Catral) de primeros del siglo XX

Vecinos de la Vega Baja (fuente: blog http://www.almoradi1829.blogspot.com. )

 

Que Alicante es tierra rica en acentos y hablares es un hecho consabido. En nuestra provincia han convivido históricamente castellano y valenciano en pacífica co-existencia, trifulcas políticas aparte, enriqueciendo ambos con multitud de términos y variantes idiomáticas autóctonas.

Derivaciones tales como el alacantí – dialecto vernáculo de l’Horta d’Alacant – o los marcados acentos de origen mallorquín en la sierra costera del norte de la provincia (Callosa d’Ensarriá, Tárbena, Confrides…) o de origen catalán (Foia de Castalla y Alcoy) forman parte de nuestra cultura y tienen un firme arraigo antropológico en nuestra historia.

Una de estas derivaciones tiene su lugar natural en la comarca de la Vega Baja – huertica, como allí se dice -. Profundamente influenciado por el dialecto murciano, se trata de un habla popular que, alejado de academicismos y arqueologías bibliográficas, tuvo su origen en y por sus gentes, transmitiéndose de forma oral entre generaciones junto con el resto de su arraigo cultural y tradiciones históricas – gastronomía, canciones, chascarrillos, fiestas, leyendas…-.

Por indicación expresa de la fuentes en las que nos hemos inspirado, evitamos expresamente utilizar el término “panocho“, que en esta tierra es un adjetivo peyorativo, tal y como perciben los franceses el término “gabacho“, por poner un ejemplo entendible para todos.

Es nuestro afán por dar testimonio de la riqueza cultural que tenemos en nuestra provincia, y el eco que ésta tiene en nuestro lenguaje. Y, dado que, como comúnmente se dice, para muestra, un retal, os traemos un curioso, divertido e interesante ejemplo extraído de una narración popular redactado por José María Cecilia Rocamora, miembro de la Asociación de Investigadores Locales de Catral, en el que se recogen muchas y variadas expresiones y acepciones propias del hablar de nuestros paisanos del sur.

CON OTRO ASENTO

“Amigos toos, Un servior vie dende Catral, “Poerta la Vega Baja” y roal ande las destinsiones del antiguo hablar e sus gúertanos son prensipalmente tres:

Primera: el siseo, que se trata que la lletra S tie tanta juersa qu´n jamás premite que se sienta ni a la Ç ni a la Çeta.

Sigunda: los delustraos le isen sinalefa a lo que´s una jalaúra e las lletras a, e, i, o, u u, cuando s´arrejuntan dos, saliendo siempre la e, la más prejudicá.

Tersera: está´s la más defísil d´explicaúra, y es que la S, cuando sal´alante d´otras que no sean a, e, i, o, u u, pos pae que se sufoque u le falte sangre p´haserlo como´s debío. Un suponer, lo que bien dicho se iría ESPAÑA, nusotros esimos EsPAÑA.

Y´en dispués e too´sto, a lo que famos, sus leo mi pasaje que´ntitulo: ¡Qué viajesico!”

© Web del Autor →

A continuación, dejamos el texto íntegro de este curioso relato a disposición de quien desee leerlo: 

Qué viajesico

El lenguaje popular de la Vega Baja (Catral) de primeros del siglo XX

Publicado el 23 diciembre, 2014 por Victurs La Millor Terra del Mon

ORIGEN DEL ARTICULO: https://lamillorterradelmon.com/2014/12/23/el-lenguaje-popular-de-la-vega-baja-catral-de-primeros-del-siglo-xx/

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La Voladura Del Castillo De Santa Bárbara.

Vista de Alicante y Castillo de Santa Bárbara. Grabado s. XVIII

Tal día como el de hoy, 1 de marzo (o 29 de Febrero en el caso de años bisiestos),


se cumple el aniversario de uno de los hitos más importantes de la ciudad de Alicante, un hecho del pasado que nos habla de gallardía y heroicidad pero también de la falta de escrúpulos que mueve a algunos gobernantes con tal de alcanzar el poder y la gloria. Una metáfora de tiempos pasados que bien podría tener su reflejo en los tiempos actuales de la que nos queda en la memoria una lección que no deberíamos olvidar nunca y una cicatriz en el rostro y el alma de nuestra ciudad.

Nos remontamos a comienzos del siglo  XVIII. Ha fallecido Carlos II y se desencadena la guerra de Sucesión (1706-1709) entre Felipe V (respaldado por Francia) y el Archiduque de Austria (con  apoyo de Inglaterra). Nuestra plaza y castillo, partidaria de Felipe V, estaba mandada por el mariscal francés Conde Mahoní.

El 15 de Junio de 1706, ancló en nuestras aguas la escuadra inglesa compuesta por 70 bajeles de guerra, 30 transportes y 9 pontones, para parlamentar con Mahoní y convencerlo para que entregara la plaza, sin resultado, por lo que a principios de agosto, Alicante fue tomada al asalto

“Dispararon nuestros baluartes y, al mismo tiempo, los bajeles hicieron fuego con  su artillería, con bombas y granadas reales. Duró el fuego de los ingleses desde el mar y tierra, ocho días y noches, disparándose 135 balas, y cuatro mil bombas y granadas. Todas las noches había asaltos aprovechando las brechas que en el Muro del Mar hacían las baterías de los Bajeles, acudiendo la población civil y algunos soldados veteranos, con gran valor a cerrar las brechas” (Maltés y López)

A las 08.00  horas del 8 de agosto, entraron los ingleses por una brecha de la Plaza del Mar. Ni la pericia del mando francés, ni el valor de las tropas, ni el patriotismo del vecindario, pudieron soportar la dureza de los asaltos de que fue objeto la ciudad. El Mariscal Mahoní antes de rendirse se retiró al castillo con las  tropas que quedaban.

Dueños de la situación, las tropas del Archiduque de Austria, sin nadie que controlase la barbarie de la soldadesca, se dedicaron al saqueo durante un  mes, sirviendo los muebles, las puertas y ventanas de las casas para hacer fuego; menos algunas casas en que habitaban los oficiales de los invasores y algunos del partido imperial, todas estaban maltratadas.

Los retirados a la fortaleza pasaron revista a sus tropas, contando con 2.000  hombres, aproximadamente, con un variado muestrario internacional compuesto por  franceses, italianos e irlandeses,  además de 700 españoles de la Ciudad y de la Hoya de Castalla, lo que conformaba un grupo heterogéneo muy poco propicio para la unidad de sentimientos y conductas que exigía el caso. Por este motivo, y teniendo en cuenta los pertrechos y víveres con que se contaba, se acordó aligerar la guarnición del castillo.

Tras un mes de resistir en el castillo, se acumulaban las múltiples dificultades creadas por los sitiadores: inteligencias secretas, facilidades a los desertores y otros muchos problemas gravísimos en aquellos momentos, para forzar su rendición. Mahoní, no tiene más remedio que rendirse mediante una honrosa capitulación.

Sus fuerzas salieron del castillo con todos los honores el 6 de septiembre de 1706, despidiéndose de Alicante sin dar por perdida definitivamente una plaza tan importante mientras murmuraban entre dientes un sentido ¡hasta luego!.

Las tropas del Archiduque, al mando del Conde de Peterboow durante algo más de dos años, se dedicaron a restaurar y mejorar las defensas del castillo y de la población.

Pasado este tiempo, el 28 de Noviembre de 1708, llegaron de nuevo a las puertas de Alicante las tropas francesas de Felipe V con el objetivo de recuperar la ciudad. El Gobernador de la plaza, estimando no poder defenderla con éxito, ofreció entregarla “si le hacían ciertas concesiones”. Aceptó el sitiador su proposición, y el día siete salieron de Alicante tres regimientos ingleses con todos los honores de guerra, mientras Sir Richard Siburch se replegaba al castillo con el resto de la guarnición, resuelto a no entregarse bajo ningún concepto.

El caballero Asfeld, que mandaba las tropas francesas de apoyo a Felipe V, no contento con la recuperación de la ciudad, quería lograr también la del castillo, pero aquello no era empresa fácil dada la orografía del terreno y la ubicación estratégica en la que fue edificado el castillo y, a pesar de su arrojo, se vio detenido por espacio de varios meses al pie de tan inexpugnable fortaleza.

Los ingleses no les andaban a la zaga en tesón y así, Alicante se vió convertida en teatro de una lucha verdaderamente heroica. El caballero Asfeld, comprendiendo lo difícil era la empresa de ganar el fuerte, decidió poner en práctica un medio insólito que terminaría bien con la entrega del castillo, o bien con el sacrificio de toda su guarnición: abrir una enorme mina bajo las murallas y torreones situados al mediodía del Santa Bárbara, cargarla de pólvora y volarla si sus defensores no se entregaban.

La mina consistía en un túnel de unos 20 metros de profundidad excavado bajo la fachada este del castillo. Se internaba en el monte Benacantil, dividiéndose luego en diversas galerías. Una vez finalizada la obra el 14 de febrero de 1709, se rellenó con 1.500 quintales de pólvora – unas 10 toneladas -, masa inaudita en los anales bélicos.

El día 28 de febrero, Asfeld hizo saber a los defensores ingleses del castillo que, si en el plazo de 24 horas no lo evacuaban, los haría perecer entre sus escombros. Los ingenieros de la resistencia practicaron una contramina como medida desesperada que esperaban sirviera para reducir notablemente los efectos de la explosión. Sir Richard Siburch, se negó a entregarse y respondió que podían poner fuego a la mina cuando quisieran.

Boca de la contramina arriba mencionada.

A las cinco de la mañana del día 29 de febrero de 1709, el ayudante de la plaza, don Miguel Morelló, aplicó la mecha a la boca de la mina dando pie a la voladura parcial del castillo. Con la explosión, todas las fortificaciones del Mediodía se desplomaron con estruendo ocasionando la muerte de Sir Richard, jefe de las fuerzas que guarnecían el fuerte, y de 150 de sus heroicos defensores “sepultando“, según un cronista de la época, “entre sus escombros gran número de casas que formaban un barrio” (se entiende que el de Santa Cruz o el Raval Roig). Sobre la fortificación, las crónicas oficiales hablan sobre el derribo del baluarte y el 2º cuerpo de la fortaleza.

Contra todo pronóstico, los británicos supervivientes siguieron resistiendo con máximo heroísmo entre los escombros de la fortaleza hasta el 20 de abril de 1709, cuando los diezmados restos de aquellas heroicas fuerzas, apenas unos 600 hombres, abandonaron las ruinas del Santa Barbara y salieron de Alicante entre honores de guerra. ¡Bien se lo habían ganado!

Víctor M. Guerra López y Víctor M. Guerra Carratalá

Bibliografía:  Reseña Histórica de la Ciudad de Alicante – 1863 Nicasio Camilo Jover. Crónica de Alicante 1876 – Rafael Viravens y Pastor. El Castillo de Santa Bárbara de Alicante – 1959 – Francisco Figueras Pacheco


Publicado el 1 marzo, 2013 por Victurs                                      © Web del Autor →

ORIGEN DEL ARTICULO: https://lamillorterradelmon.com/2013/03/01/la-voladura-del-castillo-de-santa-barbara/

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Los orígenes del helado en Jijona.

Jijona es la cuna del turrón y del helado. Ambas industrias están ligadas por sus orígenes y han evolucionado a la par, en el transcurso del tiempo.


Jijona es la cuna del turrón y del helado. Ambas industrias están ligadas por sus orígenes y han evolucionado a la par, en el transcurso del tiempo. Su diferencia es que la primera es sedentaria y localizada en Jijona, y la segunda es nómada y andante. La elaboración del helado es un arte que viene promovido por el carácter impulsivo y la inquietud aventurera de los jijonencos.

Allá por el siglo XV, empezaron a construirse las Cavas o Pous de Neu, como el que aún conservamos en lo alto de la Sierra de La Carrasqueta, donde se almacenaba y se conservaba la nieve para luego utilizarla en la producción del helado. Ahí es dónde se empezó a fraguar esta industria.

Pero no fue hasta 1914, año en el que estalló la I Guerra Mundial, cuando los jijonencos iniciaron su dedicación plena a la industria heladera debido al éxodo rural, la aparición del hielo artificial, los campos amenazados por la filoxera. También, por la posibilidad de compatibilidad de la venta del turrón en invierno y de helado en verano, y sobre todo, a la estacionalidad de la campaña turronera.

Esta situación la describe a la perfección Teodoro Llorente, en su libro “Valencia”, escrito a mediados del siglo XIX:“Los industriosos jijonencos, se esparcen por toda la península, pasan algunos los Pirineos, llegando hasta Marsella y hasta París, y aún más allá, mientras otros cruzan el mediterráneo y venden sus mercancías en Argel y Orán a moros y cristianos”.

El sector del helado es un sector muy dinámico y se encuentra siempre en constante renovación. Como muestra de ello, nos encontramos desde 1980, a la Asociación Nacional de Heladeros (ANCHCEA) que tiene su sede en Jijona y, la cual se encarga de organizar la Feria Intergelat, Feria Internacional del Helado Artesano.

La industria del helado ha ido incorporando mejoras y nuevas tecnologías en su proceso de producción. Sin embargo, siempre conservará el espíritu de artesanía, recordando a aquellos jijonencos madrugadores que elaboraban los helados con sus propias manos, ayudados de rudimentarias y delicadas maquinarias, para luego salir a las calles españolas a venderlos con el típico carro de los helados.

Hoy en día, existe el título de experto en elaboración artesanal de helados, que expide la Universidad de Alicante, y que patrocinan e imparten clases en su mayoría, miembros de la ANCHEA y embajadores de Jijona, a su vez.

Ahora ya conoces los orígenes del helado. ¡Anímate a venir a Jijona a probarlo!

5 OCTUBRE, 2015 POR TURISMO                                                                © Web del Autor →

ORIGEN DEL ARTICULO: http://www.jijonaturismo.com/los-origenes-del-helado-en-jijona/

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Así nació el barrio de San Blas.

‘Barrio del Tato’, luego ‘Barrio de la Libertad’ y ahora San Blas. Un barrio reflejo de la historia contemporánea de España.

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Cine “Monumental-Salón Moderno” de Alicante.

El cine Monumental Salón Moderno, de Alicante, anunciando en el cartel de la fachada la película británica “Capitán Nemo y la ciudad sumergida” (“Captain Nemo and the Underwater City”) del director James Hill y con Rober Ryan y Chuck Connors, del año 1969 y de la productora Omnia Pictures. 

Fotografía “Llibret Festa” año 2002

Colección de Lorenzo Guardiola


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